elisina

Es el espacio donde entre todos cumpliremos el sueño de mi madre, publicar sus escritos y salvaguardar sus memorias.


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SOY HUMANO

 

Humano soy, muy humano.

Y porque humano no fuera

Toda la vida yo diera

Si darla estuviera a mano.

 

Cuando siento el gran dolor

Que en su alma  produjera

Cuando una mujer, cualquiera,

Busca a su hijo querido

Por cualquier valle, perdido.

¡Yo soy humano, Señor!

 

Cuando viendo a aquel hombre,

No mucho tiempo hace, fuerte,

Que en guerra hiriéranle a muerte

Y que hoy es un desvalido

Mi corazón se ha afligido.

¡Yo soy humano, Señor!

 

Cuando veo a ese niñito

Desgreñado y andrajoso

Buscar con afán reposo,

Cariño y un hogar,

Bien se lo quisiera dar.

¡Yo soy humano, Señor!

 

Cuando aquella pobre enferma

Entre el dolor se debate,

Encontrando en todas partes

Nada más dolor y pena,

La sangre agolpa en mis venas.

¡Yo soy humano, Señor!

 

Cuando veo a mi Buen Dios

Con el rostro dolorido

En una cruz suspendido

Y con huellas de dolor

Yo le daría mi amor

Si con mi amor la bastase

 

Y ahora dime lector,

¿no es preferible no ser

humano y poder romper

estas huellas del dolor?


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¿SIEMPRE REBELDE?

Hoy ha hecho pellas. Se ha fumado la clase de Religión. –  “Este profe es un inútil, todo lo ve desde el mismo prisma ¡que aburrido!. Yo quiero divertirme, pasármelo bien. La vida es corta y si no lo hago ahora ¿cuándo lo voy a hacer? ¿cuándo tenga 30 años? Ni loca, tiene que se ahora o nunca”, –  se va contando Paloma mientras camina por un paseo lateral del Retiro, fuera ya del recinto del Instituto. –  “Voy a coger un autobús que me lleve a otro lugar, a un barrio desconocido, donde haya gente divertida, no como los bordes que hay por aquí”.

Con paso cada vez más rápido, continúa con su monólogo: – Y mis padres los peores que si “a ver que haces por ahí; no se te ocurra fumar; no bebas que luego te arrepentirás, se empieza por una caña y luego pasa lo que pasa. Y luego me quieren convencer:   sal de paseo con tus amigas, vais al cine o a merendar y lo pasáis bien pero, eso sí, a la hora  de cenar en casa, como siempre, toda la familia. ¿Cómo que vais a ir a un cumpleaños en una sala de fiesta?. Mira, hija, déjate de sandeces que eres muy joven aún. Ya tendrás tiempo de salir con chicos y a bailar”. “¡Pero si tengo ya catorce años!”. “Y eso que es. A tu edad yo todavía jugaba con mis hermanos y ahora sólo pensáis en ir a correr mundo”. “Está visto que no me van a dejar en paz hasta que sea una vieja. Pero no pienso hacerles caso y hoy voy a aprovechar el día”.

Mientras sale del Retiro por la Puerta de Alcalá, ve una parada de autobús donde esperan un grupo de chavales de aspecto un tanto singular. Los chicos visten enormes pantalones caídos y llenos de bolsillos y colgajos por todas partes y camisetas con mensajes en inglés. Las chicas pantalones muy largos y que no les llegan a la cintura y pequeñas camisetas ceñidas al cuerpo. Pero a Paloma lo que más le gusta son sus pelos teñidos de colores, despeinados en punta y rapados a trozos y sobre todo, sobre todo, los pink que lucen por varias partes de la cabeza y el cuerpo, ¡cómo brillan!. Sus padres pusieron el grito en el cielo cuando ella quiso ponerse uno en el labio.

Se acerca a la parada y ve que están fumando y se lo están pasando muy bien, piensa Paloma. Sólo tienen uno y lo comparten; deben de ser buenos amigos. Poco a poco la van metiendo en su rollo.

  • Tía ¿de dónde has salido?, la preguntan con mucha sorna.

–    Tronco dale a esta piba un canuto, que me parece que se va a estrenar.

  • No pensarás estrenarla tú ¿verdad?. Ja, ja, ja .

Codazos empujones, cachetes y risa, mucha risa, ja, ja, ja.

  • ¡Vaya cachondeo, colega!

La tía, Paloma por más señas, se siente atraída por la situación: algo divertido, sin complicaciones y sin que nadie se entere.

Llega el autobús 51 y todos suben en pandilla con gran jolgorio. Los pasajeros les miran con recelo, pero no dicen nada. Algunos, pocos, se ríen con las ocurrencias de los adolescentes y envidian su alegría y juventud. El autobús sigue su recorrido por varias calles de “pijos” de Madrid. La panda, con Paloma incluida, siguen bromeando, empujándose y molestando a los que tienen cerca. Un hombre bien vestido, con traje y con corbata,  les llama la atención. Ellos le miran y se ríen descaradamente de él. El hombre los llama estúpidos, maleducados y les amenaza con el portafolios que lleva en la mano. Ellos vuelven a reírse se reagrupan y comienzan a hablar entre ellos en voz baja. De su conversación sólo se escuchan afirmaciones y negativas a las ideas que a cada uno se van ocurriendo. Paloma participa en el juego, alegre y feliz como nunca. El autobús avanza hacia el final de su recorrido y el hombre se dispone a bajar. El grupo se mira con complicidad y se separan para bajar por puertas distintas. Empujándose saltan a la acera. Es una calle estrecha y poco transitada y el autobús sigue su camino. Como en una operación bien premeditada, siguen al hombre que empieza a mirarles de reojo bastante preocupado. Dos de ellos le adelantan y él se para en seco para increparles. El resto se acerca por detrás y de un tirón intentan quitarle el portafolios. Pero con lo que no contaban es con que éste iba unido a la muñeca del hombre por una cadena. Por la fuerza que emplearon el hombre calló al suelo. Paloma retrocedió unos pasos, asustada por el caríz que iba tomando el juego. Los otros, agrupados, comenzaron a arrastrarle, en un intento de conseguir lo que ellos consideraban que era su trofeo y le llevaron hasta el centro de la calzada. La ráfaga de luz de los faros de un coche les deslumbraron y soltaron su presa para salir huyendo. El que no pudo huir fue el hombre que quedó aplastado por las ruedas del vehículo, cuyo conductor no tuvo tiempo de parar.

Todo fue muy rápido. Los gritos de unas pocas personas que habían sido testigos de lo ocurrido, se dirigían al grupo que escapaba como alma que lleva el diablo.

Paloma, conmocionada, no podía creer lo que estaba viviendo. Pero a ella nadie la gritó. Su aspecto y su vestimenta no llamaban la atención y la dejaban libre de toda sospecha.


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1 Octubre 2008

Se casaron hace 10 años y lo quieren celebran con este viaje, programado con ilusión dos meses antes del desastre.

Natalia había advertido a Jaime que este negocio no podría salir bien. Que el momento no era propicio para arriesgarse. Pero él, ilusionado, más que nunca, no la escuchó, pero la pidió que confiara en él como otras veces.

  • Sabes que no estoy de acuerdo con el riesgo que vamos a correr. Podríamos quedarnos en la ruina, pero no sé como hacerte entrar en razón y, al fin y al cabo, la empresa es tuya – dijo malhumorada Natalia cansada de explicaciones.

Jaime la abrazó fuerte y cariñosamente.

–  No te preocupes, mi princesa, que tendremos un maravilloso viaje en nuestro      aniversario.

Natalia no quiso seguir y cambió de tema. Se sentía realmente preocupada, pero le quería y estaba dispuesta a acompañarlo en su aventura. También pensaba en su responsabilidad como abogada de la empresa y que, en otras ocasiones, sus consejos habían redundado en beneficios para todos.

Viajaron a la isla donde se conocieron, adonde ya habían ido otras veces y en la que

encontraban diversión y también muchos momentos de intimidad.

Natalia no se encontraba tan a gusto como otras veces. Algo se había alterado en su relación. Evitaban hablar directamente del asunto y siempre lo dejaban para después, para otro momento más propicio… Y mañana vuelven a casa.

Esta tarde Jaime está leyendo una  revista financiera sentado tranquilamente en un sillón de la sala, en el maravilloso hotel donde se hospedaban. Ella le dijo:

  • Subo al dormitorio a descansar para el viaje de mañana.

El la miró preocupado.

  • Natalia, siento mucho que estas vacaciones no hayan sido todo lo felices que proyectamos.
  • Yo no quería este viaje y lo sabes – respondió Natalia -. No en estas condiciones. Y no quiero hablar sobre ello.

Jaime intentó retenerla.

  • Quédate otro rato. Saldremos a dar nuestro paseo. Prometo escuchar con más atención tus advertencias y hacer todo de común acuerdo.
  • Lo siento Jaime. No me vas a convencer de tu arrepentimiento. Ya lo hablamos y

no me tuviste en cuenta. Te empeñaste en ese según tu “impresionante negocio”, y nos has arruinado. Y ¿ahora qué?.

Natalia suspiró hondo, pero al fijarse en la cara tan triste de su marido, se acercó a él, le abrazó y a poyándose en su hombro le dijo:

–  No te preocupes. Ya saldremos de ésta.


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¿QUÉ PASARÍA SI…?

Como todos los días, desde hace un par de años, están desayunando en la cafetería, contándose los problemas de su vida y de sus respectivos trabajos y, como todos los días están convencidos que el trabajo del otro no es tan interesante y problemático como el propio.

Ambos pertenecen a esa generación de hombres jóvenes que  saben estar al día, tanto en su trabajo como en su vida cotidiana.

Alberto es algo más alto que Juan, y viste con desenvoltura de traje y corbata, es moreno, tanto de piel como de cabello y sus modales  son los propios de un joven ejecutivo. Juan, por el contrario, tiene una apariencia un tanto descuidada, por llevar casi siempre su castaño cabello despeinado, dada su manía de meter los dedos en él  mientras lee. Hoy viste cómodo pantalón  marrón y jersey de color beige, por cuyo cuello asoma una camisa sin abotonar.

Como todos los días, siguen dándole vuelta a sus temas de siempre y principalmente el tema trabajo.

Alberto dice:

–   Tu trabajo es tranquilo, sin sobresaltos. Sabes cada día lo que tienes que hacer. En cambio el mío está lleno de imprevistos que, si no improvisas sobre la marcha la solución adecuada, te puedes jugar el puesto.

–   Ni lo pienses – contesta Juan con vehemencia -. El tener delante de ti cada día un grupo de adolescentes, que se te alborotan por menos de nada, mantener su atención continuamente y que además aprendan, es mucha responsabilidad. Además viene la segunda parte: mi compromiso con las revistas. Me piden un artículo sobre un tema determinado de un día para otro, y hay que mantener el nivel, si no, se olvidan de ti rápidamente.

–   No sé que decirte. De todos los temas tienes montones de información, sólo es cuestión de sintetizar desde tu punto de vista y listo.

Juan se echó a reír.

–   Ya, que gracioso. Que se dé cuenta de eso el editor y verás lo que duras en su revista. Y en otras, porque enseguida se corre la voz. En cambio tu con tu don de  gentes y tu habilidad para metértelos en el bolsillo tienes garantizado el éxito. Vas a una cena de negocios con los directivos de una empresa y sus mujeres; cuentas unos cuantos chismes con gracia; comentas la belleza de las señoras y les distraes con tus aventuras en alguno de tus viajes. Bebéis unas copitas de cava, les propones participar en un negocio estupendo, con todas las garantías del mundo, naturalmente con la experimentada ayuda técnica de la empresa que representas, y les dejas con el gusanillo de poner en marcha el negocio propuesto. Luego viene la parte musical. Sacas a bailar a la esposa, o lo que sea, del director, alabas su exquisito gusto en el vestir, bla,bla,bla,  etc.etc., y tienes una colaboradora segura.

–   Si te parece tan fácil ¿por qué no pruebas a hacerlo tu? – le sugirió Alberto, algo picado.

–   Hombre, no se trata de eso. Al fin y al cabo yo tengo mis problemas que resolver y tu los tuyos – dijo rápidamente Juan, temiendo haberse pasado.

–   Bueno, bueno, no te vayas por la tangente. Te propongo un trato: por un día tu haces mi trabajo y yo el tuyo. ¿Te atreves?

Alberto,  poco a poco, se iba entusiasmando con la idea. Su espíritu abierto y aventurero le decía que podía ser una experiencia única. Quería incitar a su amigo para que accediera al juego.

Juan dudaba, aunque en su fuero interno se sentía atraído por ese mundo, tan distinto al suyo, en el que se desenvolvía su amigo.

Alberto y Juan se conocían del Instituto. Nunca fueron grandes amigos pues, aunque estaban en la misma clase y en el mismo grupo, sus caracteres eran muy distintos. Juan era siempre puntual, tanto para la hora de llegar a una cita como para sus compromisos, que cumplía siempre. Aunque era alegre y participaba en algunas fiestas y bromas con el grupo, nunca se pasaba demasiado y recobraba pronto su papel de alumno responsable. También fuera del entorno del Instituto, se juntaba con sus amigos de siempre para frecuentar lugares divertidos, bailar, ligar con alguna chavala alegre y volver a casa de madrugada, siempre y cuando fuera en fin de semana. Nunca en días de clase.

Cuando terminó el Bachillerato se decidió por estudiar Filología Hispánica y disfrutó con sus estudios, terminando la carrera con notas brillantes, lo que le permitió llegar a Licenciado y más tarde conseguir una plaza como profesor de Literatura en un buen colegio de Madrid. Además dedicaba su tiempo restante en escribir sobre todo lo que le llamaba la atención, que eran muchas cosas, y mandaba sus artículos a periódicos y revistas, consiguiendo que le publicaran algunos y, poco a poco, se afianzó en ese mundillo con temas puntuales. En la actualidad disfrutaba de un status profesional y económico bastante bueno, pese a ser todavía muy joven.

Alberto, por el contrario, fue siempre el que organizaba todas las fiestas en el Instituto. Siempre estaba dispuesto a faltar a clase por preparar algo divertido, y además conseguía  conquistar a los profesores para su “causa”. Tenía siempre a su alrededor un buen grupo de admiradoras, compañeras de clase o amigas de compañeras, y siempre estaba inventando nuevas pequeñas gamberradas que eran perdonadas por su labia al disculparse. Eso sí, nunca suspendía, aunque fuera por los pelos y hubiera tenido que preparar la noche anterior el examen correspondiente.

Decidió estudiar Empresariales y al terminar fue admitido, como becario, en una importante Empresa de exportaciones y posteriormente premiado con un puesto de trabajo fijo, gracias a su disponibilidad  para la empresa, a cualquier hora y en cualquier lugar, y a su carácter jovial y buena presencia. Poco tiempo después, le nombraron Responsable de un Departamento, lo que le permitió llegar a un nivel económico alto.

Desde hace unos dos años, tanto Alberto como Juan tienen sus lugares de trabajo relativamente cerca, por lo que un día se encontraron desayunando en la misma cafetería.

Alberto se le quedó mirando, entre asombrado y escéptico.

–   Yo a ti te conozco. ¿puede ser del Instituto? ¿El Lope de Vega?

Juan sorprendido en su quehacer (aprovechaba este rato para corregir sus escritos), le miró, sin comprender al principio que se dirigía a él. Al momento vinieron a su mente recuerdos de su adolescencia y allí estaba esa cara que no había cambiado mucho desde entonces.

–  Eres Alberto, no me cabe duda.- Y se abrazaron efusivamente, recordando su relación de otro tiempo.

A partir entonces se veían todos los días y se contaban cosas de sus respectivos trabajos. Pocas veces hablaban de su vida privada, porque para ellos eso quedaba en segúndo lugar. Y nació entre ellos una buena amistad.

Hoy tienen entre manos una gran apuesta y quieren plantear las reglas del juego, así que deciden comer juntos para seguir hablando de ello.

Durante toda la mañana, cada uno en su puesto de trabajo, no han dejado de pensar en cómo resolver el reto propuesto por Alberto. Están impacientes por encontrarse y comenzar la aventura, sea cual sea el resultado final.

Al verse en el restaurante, con un fuerte apretón de manos y gesto decidido, comienzan a puntualizar y por fin deciden que al día siguiente cada uno asumirá una función del otro.

Alberto tiene una cena con un pequeño grupo de empresarios a los que tiene que exponer un proyecto de fusión de empresas, y como ninguno de ellos le conoce personalmente, Juan puede hacerse pasar por él.

Alberto, por su parte, escribirá el artículo que Juan tiene que presentar en la revista a última hora de la tarde y que requiere mucho tacto para no ofender a cierto político. Finalizada la comida y con una sonrisa de complicidad, se despiden dándose un fuerte apretón de manos. Han decidido no verse ni llamarse hasta después de cumplir lo pactado.

Cuando se vuelven a encontrar delante de la taza de café, pasada la prueba, los dos están nerviosos. Alberto es el primero en hablar:

–  ¿Sabes? Has conseguido que aprenda a valorar el trabajo de los articulistas. Me ha costado un gran esfuerzo centrarme en lo que estaba escribiendo: releer otros artículos  para ampliar mis conocimientos sobre el tema, buscar en Internet datos actuales referentes a cuestiones políticas y de bolsa que, por cierto, nunca me han interesado lo más mínimo. Incluso he llegado a poner música ambiental relajante, que me ayudara a no abandonar mi despacho e irme a tomar una copa con mis amigos. En fin, que he tenido que sudarlo.

–  No creas, a mi me ha pasado algo parecido. Pensaba ¿quién me manda a mí meterme en camisa de once varas? ¡Con lo a gusto que estaría yo ahora sentado en mi sillón, con un buen libro entre las manos y música clásica creando ambiente!. Por un lado fue divertido, porque eran personas muy agradables, y la cena estaba exquisita, pero me hacían cada pregunta que se me atragantaba el bocado. Y luego que no se hartaban de hablar de negocios, dividendos, expansión comercial, etc. Y yo temiendo meter la pata ofreciendo más de lo que se podía. En fin que, cuando a las tres de la madrugada, decidieron que ya era hora de despedirnos, respiré profundamente. De todas formas, no creas que me importaría repertir esta experiencia en otra ocasión. Bueno, pero más adelante ¿eh?, puntualizó Juan.

–  Si, en el fondo ha sido interesante – dijo Alberto pensativo -. Bueno, me tengo que ir, que se ha hecho muy tarde. Hasta mañana.

–  Adiós, hasta mañana, contestó Juan, haciendo un gesto con la mano.

Cuando Alberto llegó a su despacho, su secretaria le dijo que el Director había preguntado varias veces por él. Alberto sorprendido y cauteloso se dirigió a la entrevista. Al entrar en el despacho, Don P. se levantó de su sillón y le abrazó cordialmente, al tiempo que hacía grandes elogios de su soltura en el trato con los clientes. Le dijo que el director de la empresa K había considerado muy interesante la propuesta que le había presentado en la cena de la noche anterior y que quería formalizar el contrato con ellos.

Alberto estaba alucinado. Agradeció a Don P. sus elogios y rápidamente fue a su despacho y llamó por teléfono a Juan. Era la hora del recreo de clase y dejó el recado de que le llamase en cuanto pudiera. Cual no sería su sorpresa cuando, antes de una hora, Juan le llamó felicitándole por el artículo enviado a la revista y que a él le habían elogiado diciéndole:

–  ¡Vaya Juan, ya sabía yo que algún día escribirías algo nuevo, algo en una línea más auténtica! Sigue por ese camino.

Cuando Alberto puso al corriente a  Juan lo que había hablado con su director, soltaron la carcajada y como no podían parar de reír, decidieron celebrarlo comiendo juntos de nuevo.

 

 

P.D.  Cada uno de nosotros somos la nostalgia de nuestro propio ser. En lo profundo del Tu y del Yo, se produce el encuentro verdadero que iguala a todos.


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QUE LARGA ES LA VIDA (julio 77)

¡Qué larga es la vida,

qué cortos los sueños!

¡Qué frágil la felicidad!

 

Un ansia infinita de tu eterno abrazo

Domina mi mente cuando pienso en Ti,

Quisiera saberte atento a mi ruego,

Anhelo notarte muy cerca de mi.

 

Mi meta es muy alta, mis fuerzas escasas.

Tu apoyo constante en mi caminar.

Si siento Tu mano no tiembla mi espíritu,

Si noto Tu aliento recobro la paz.

 

¡Qué larga es la vida,

qué cortos los sueños!

¡Qué frágil la felicidad!

 

Paso por la vida cumpliendo mi parte,

Por nada del mundo quisiera fallar,

Cooperar contigo en la eterna obra

Y tener respuesta en la eternidad.

 

Me pregunto a veces qué estoy esperando,

Por qué siempre tengo esta sensación,

No me cabe duda que Tu me la infundes,

De ansia insatisfecha, de estar en prisión.

 

¡Qué larga es la vida,

qué cortos los sueños!

¡Qué frágil la felicidad!

 

Señor, cuando pienso que mis ilusiones se acaban creas otras nuevas para mí, pero el pozo de amargura y desconfianza no desaparece. Solamente, a veces, queda cubierto con una tenue capa de esperanza que se desvanece al afrontar de nuevo la realidad.

(Julio del 77)

 


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EXILIO – MI GRAN AMOR

Ejercicio de un relato donde hay que introducir un número determinado de palabras pero en ningún caso puede incluirse la letra -a-.

Loli y Sergio se reúnen después de comer en el hotel, en este  rincón silencioso del recinto y seguir el coloquio sobre el tema que les desune.

  • Me estoy volviendo un extraño entre tus conocidos – le dice Sergio – Sólo soy lo que tu me dejes ser en  el momento. No entiendo los juegos secretos que leo en tus ojos. El invierno terminó. Veo sol y flores como en el comienzo de nuestro encuentro. Tengo el recuerdo de los brillos de luz venidos del cielo en tu pelo. Te siento estremecer entre el viento y los colores que nos envuelven y que creí vivir siempre contigo y esto de tener gente en todo momento en torno nuestro, reduce nuestro reconocimiento íntimo.

Loli se quedó viendo sus ojos tristes y cogiendo sus dedos los besó.

  • Comprendo que te es difícil entender el poco tiempo propio que tenemos, pero decidimos volver, con el fin de conseguir subvenciones, y lo tuvimos en cuenta. Creo que conseguiremos lo que nos propusimos. Ten fe.

Sergio, con el recuerdo siempre presente, siguió refiriendo su desilusión.

–  Los meses vividos en ese territorio en el que coincidimos en un servicio de ONG, donde muchos niños venidos de pequeños pueblos dispersos, cuyos nombres no recuerdo, pero sí sus rostros sonrientes, nos hicieron dos en uno, unidos en un mismo proyecto. Te encontré y encontré un incentivo común. Me sentí muy feliz.

Se quedaron en silencio por unos momentos. Fue Loli quien lo rompió diciendo:

  • Sergio querido, yo me siento como tu con gran desconcierto. Estoy bien dentro de ese grupo que nos entiende y creo que desde este entorno se puede servir bien en nuestro proyecto. Por supuesto, mi intención es seguir en él, porque echo mucho de menos los meses vividos en ese rincón del mundo, pero tengo que sentir firmemente lo que quiero. Creo que nos iremos muy pronto, porque los dos queremos lo mismo.

Sergio escucho con los ojos fijos en los suyos, expresó su deseo de comprender, pero habló con todo dolorido, pero resuelto.

  • Te sigo queriendo como entonces, como creo que siempre te querré, pero no puedo seguir. Me exilio yo mismo en el sitio elegido por los dos. Espero que regreses pronto. El sol y yo te esperamos. Flores y yo te esperamos. Miles de niños y yo te esperamos. No te olvides.

Se puso en pie. Loli se quedó en su sillón, pero él levantó su cuerpo y volvieron de nuevo ser uno.

 

 

EXILIO – MI GRAN AMOR

SOY, SOLO, TENGO, DOS, Y, EL, PELO, CON, ESOS, LUZ, PINO, QUE, SE, POR, DE, COLORES, TU, TS BRILLOS, COMO, LOS OJOS, CIENTOS DE NIÑOS, ESTREMECIÉNDOTE, ME ESTOY VOLVIENDO EXTREÑO, EN, UN CONOCIDOS, TE, SIENTO, VEZ, TODOS, SECRETOS, JUEGOS, NO, ENTIENDO, LOS, NOMBRES, QUERIENDO, MUCHOS, MESES, INVIERNO, SOL, FLORES, COMIENTO, DEL CIELO, SEGUIR, VIENTO.


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LLEGAR HASTA AQUÍ

 

Estaba sentada en un banco, frente al lago del Palacio de Cristal, del Parque del Retiro de Madrid. Miraba la superficie del agua como si en ella se fueran proyectando sus recuerdos. Algunos de ellos tan intensos y dolorosos  que hasta las aves acuáticas que allí vivían los percibían, y para ayudarla a olvidar, se los borraban moviendo el agua al pasar nadando delante de ella. Entonces alzaba sus ojos, miraba al cielo y su azul, iluminado por la luz del sol, le traía otros recuerdos, también luminosos, que la compensaba de la angustia sentida unos momentos antes.

Victoria era una mujer de mediana edad, bien parecida y  activa. Preocupada por los demás, como salvadora de todos los que la rodeaban, aunque no pidieran abiertamente su ayuda.

Vivía cargada de obligaciones, casi siempre impuestas por otros: “Tienes que atender tus deberes de esposa, para eso te casaste”, la decía su marido, cuando estaba cansada y no tenía ganas de asistir a alguna cena de negocios con él, o para otros momentos más íntimos; “Mamá esta comida no me gusta nada, a ver si aprendes algo nuevo”, oía cada día a alguno de sus cuatro hijos, todos adolescentes; “Hija, eres la mayor y siempre has tenido privilegios frente a tus hermanos. Nos gustaría que vinieras más a menudo a visitarnos, recordaríamos cosas pasadas juntos, porque tu nos entiendes”, le decían más o menos sus padres, cada vez que podía hacer una escapada para ir a verles.

Cada día le resultaba más difícil vivir de recuerdos felices, que en su memoria se quedaban reducidos a poco más que sueños. Quería comprender a todos, ayudarles, complacerles, pero también ella necesitaba ser alguien importante para ellos y que sus mensajes fuesen escuchados y comprendidos. Buscaba salidas a esta difícil situación sin conseguirlo. Tampoco quería contarle a nadie sus problemas, sobre todo a los más cercanos que consideraban que no tenía de qué quejarse. Su marido era un alto ejecutivo de una empresa importante. Asistían a espectáculos o cenas de alto nivel con frecuencia y ella era bien recibida, lo que enorgullecía a su marido, pero al que no podía contar sus preocupaciones más íntimas porque todo, según decía él “eran tonterías suyas porque tenía demasiado tiempo para pensar”. Sus hijos nunca se acercaban a ella para  hablarle de sus cosas: cómo se sentían en sus estudios, con sus amigos, sus deseos, sus ilusiones… Lo importante para ellos era colgarse del ordenador o la tele y, de su madre, sólo que les tuviera el plato en la mesa y lo que en cada momento necesitaban, a punto. Y también quejarse por todo.

Tenía 40 años y no quería seguir así otros tantos. Miró a su alrededor. Sintió que algo en su interior iba a cambiando, como también veía cambiado el lugar donde se encontraba. Había más claridad, los pájaros alborotaban con sus cantos y las sombras de los árboles eran más densas que otros días. Claros y oscuros que la motivaban para comenzar un nuevo capítulo en su vida. No pensaba en borrar el anterior, pero sí modificarlo. Se sintió más llena de energía. Se levantó del banco y sus pasos se hicieron más fuertes, dejando hondas huellas en la tierra del paseo.

 

Protagonista : Victoria, 40 años, atractiva, diligente e inconforme con su día a día

Narrador omnisciente

Personajes cercanos e influyentes: marido, hijos, padres.

Acción: Situación no deseada. Enfrentarse a tener que plantear la situación a los otros Personajes y que la comprendan y ayuden.

Meta : Conseguir una libertad que la permita ser ella misma y poder tomar decisiones Sin presión.

El primer capítulo, parte de una meditación que la lleva a tomar la primera decisión. Se irán introduciendo los personajes, para que tomen parte en el desarrollo de la acción.

Final de la novela: Conseguir su propósito, en parte, recorriendo un camino duro, lleno de incomprensiones, que la va fortaleciendo en su seguridad de que es justo.

La protagonista es una mujer activa y dispuesta a seguir en  su vida los conceptos que la inculcaron sus padres y el entorno y época en que se educó. Pero la situación va cambiando y no  se ajusta a lo que ella creía que tenía que ser. Todo ha cambiado, desde la situación social, de familia y de necesidades y este cambio lo afronta desde su interioridad, aunque en algunas cosas pierda. Se siente poco valorada como persona y quiere recuperar su identidad.

Victoria: 40 años, bien parecida, de carácter amable, paciente e impaciente por su actividad creativa. Le gustaba vestir bien, según la ocasión, aunque sencilla. Cuidar de que su marido y sus tres hijos fueran siempre presentables, lo que le daba no pocos disgustos por el poco caso que hacían.

Andrés: marido de Victoria, 50 años. Todavía atractivo, alto, pelo castaño, aunque ya con entradas por la frente. Culto y con gran esfuerzo alcanzó el puesto directivo que actualmente desempeñaba en su empresa, donde era muy valorado, consiguiendo un nivel alto socialmente para su familia. Pero dejaba en manos de su mujer casi todo lo referente a los hijos, por falta de tiempo.

Alberto: hijo mayor, 18 años. Ha terminado brillantemente sus estudios de bachiller. No le gusta que se metan en sus cosas, pues se cree autosuficiente, excepto en el dinero.

Oscar: segundo hijo, 17 años. Buen estudiante, alegre y divertido. Muy independiente. Admira a su hermano mayor y bromea metiéndose con el pequeño, lo que pone nervioso a su padre que lo considera de mal gusto.

Carlos: el menor, 14 años. Recibido como un juguete en la familia que le quieren mucho pero que nunca cuentan con él. Es el más inteligente de los tres y con el que mejor se entiende su madre.

Victoria estaba decidida a no seguir así, pero ¿cómo evitarlo?, ¿cómo cambiar una situación establecida hacía ya 20 años?.

Por entonces todo parecía fácil. Lo ya conocido.  Lo que hacía todo el mundo. Lo más natural. Siempre se sintió muy valorada por sus padres e importante para Andrés, el hombre que amaba y que también era muy importante para ella. Le adoraba. Se sentía protegida por él y para él estaba dispuesta a vivir toda su vida. Darle hijos, educarles en el respeto a su padre y estar siempre bonita para que él se sintiera orgulloso de ella.

Y así se casaron un precioso día de Mayo. Llenos de ilusión prepararon la casa, la boda, el convite, el viaje…

¡Qué emoción cuando puso en su dedo el anillo previamente bendecido por el Sacerdote: “hasta que la muerte os separe”. ¿Y cuando él puso su mano sobre la suya para partir la tarta nupcial…?.

¡Que recuerdos¡. Todo era maravilloso.

¡Que lejos sonaba aquello¡. Sonaba a siempre, a eternamente. Ahora la parecían unas fotografías impresas en su cerebro, algo así como una película de amor de la que se quiere ser protagonista. Y lo era. Fue la protagonista de esos momentos y de otros tan queridos durante muchos meses. Luego, poco a poco, todo fue cambiando acoplándose a la vida cotidiana tan distinta a lo anterior y a la que se había comprometido por amor.

Cada vez la dolían más los pies, según se acercaba a la parada del autobús, por los altos tacones de los zapatos, no muy propios para pasear por el Retiro. También se sentía incómoda dentro de su elegante traje de chaqueta. Deseaba llegar a casa para despojarse de ellos y ponerse algo más cómodo. Temía llegar a casa para encontrarse con lo de siempre. Menos mal que los chicos  mayores estaban en un viaje fin de curso y el pequeño, Carlos, se había ido de fin de semana en casa de un amigo. Estarían solos Andrés y ella y quizás pudieran comenzar algún inicio de acuerdo. Su voluntad se iba debilitando y el dolor de los pies aumentaba.

  • Pronto empiezas – se dijo – así no vas a llegar a ninguna parte.

Forzó su imaginación para verse de nuevo sentada en el banco y reforzar su decisión de lograr su nuevo sueño: conseguir la estimación, casi perdida, de su familia y valorarse ella misma.

Llegó a casa poco tiempo antes que Andrés, pero le dio tiempo a tener todo dispuesto para la comida. Estaba nerviosa y se sirvió una cerveza. Llegó Andrés y quiso otra. Ella se la sirvió con un aperitivo, lo que creó un ambiente distendido mientras se la tomaban y él le contaba su mañana. Victoria se sintió reforzada en su idea de comenzar la conversación que tenía preparada. Estaban solos, tenían buen rollo y la comida olía deliciosamente.

Se sentaron a la mesa y mientras le servía el primer plato, inició su plan.

  • ¿Sabes?. He estado pensando que es conveniente modificar la organización de esta familia. Los chicos ya son mayores y pueden ayudar en algunas cosas: hacerse sus camas, tener recogido su dormitorio, poner o quitar la mesa…

Andrés soltó una carcajada.

  • Entonces te iba a sobrar a ti mucho tiempo, ¿en qué lo emplearías?

A pesar de decirlo en broma a ella le dolió, pero no empleó un tono de disculpa, como otras veces, cuando continuó hablando.

  • No, lo digo en serio. Tu estás todo el día absorto en tu trabajo y apenas te fijas en que los chicos crecen y cambian y yo también. Necesito relacionarme más con amigas y hablar con ellas de las cosas que nos preocupen. Tener actividades fuera de las del hogar: culturales, deportivas, etc. En fin, cambiar un poco la rutina diaria y ponerme al día de otras cosas interesantes de las que pueda hablar con vosotros, sin tener que estar, como siempre, sólo escuchando vuestras conversaciones como si fueran las únicas importantes.

La escuchó sorprendido y por una vez la dejó terminar de expresarse. Luego sonrió y acercó su silla a la de ella y la abrazó.

  • ¡Vaya, vaya, mi princesa no tiene bastante con lo que le ofrece su príncipe. Dime que quieres y serás obedecida.
  • No se trata de eso Andrés, es que creo que me he   quedado desplazada en vuestras vidas y quiero recobrar algo de vida propia. Hacer cosas que deseo, como tener un poco de tiempo propio, sin sentirme agobiada por ello, expresamente sinceramente sin pensar si os va a gustar o no. Cosas sencillas pero que de veras echo de menos.
  • Bueno, bueno – dijo él en tono conciliador – ya sé lo que deseas en este momento. Tienes razón. Vamos a aprovechar esta tarde, ya que estamos solos, como un regalo para los dos. De momento vamos a brindar por este encuentro y luego nos echaremos una siesta que no vas a olvidar en la vida.

Y abrazando su cintura la guió hacia el dormitorio. Victoria suspiró y movió lentamente la cabeza dejándose llevar por él.