elisina

Es el espacio donde entre todos cumpliremos el sueño de mi madre, publicar sus escritos y salvaguardar sus memorias.


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EL RITUAL               22-10-08

La noche es obscura y la única luz que se ve en el solitario paisaje leridano es la que se escapa por una ventana de la casa. Dentro un grupo de personas, engalanadas con trajes de la región, están reunidas. Es una reunión pequeña, familiar, como de celebración, en un cuarto angosto, escaso de muebles, donde cada pared de la estancia luce un color distinto y cubierta de pintadas, no  se sabe si hechas por niños o por adultos excéntricos.

Todo el grupo estaba sentado en el suelo alfombrado y entre cojines. Se bebía té por la noche, pausadamente, como esperando un acontecimiento. Un pájaro los sobrevolaba sin llamar su atención, y se paraba por unos instantes aleteando indeciso, como si quisiera posarse, por encima de la cabeza de cada uno de los que lo componían.

Tres niñas y dos niños, agrupados en un extremo, jugaban revolcándose en la alfombra. Alguien especial jugaba con ellos. Un cuervo tironeaba el pelo de los niños y hundía el pico en sus tazas, ya vacías, donde en vez de té habían servido chocolate. Ellos no se ocupaban de él, ni de lo que hacía. Era como algo normal en estas reuniones. Cantaban y reían alegres y juguetones.

En la ciudad estarían comenzando la celebración. De pronto una voz masculina entonó una canción festiva. Todos a coro le acompañaron poniéndose en pie  con las manos entrelazadas y, al terminar, se abrazaron unos a otros deseándose paz y felicidad. Los niños también lo celebraban a su modo, haciéndose cosquillas, con risas y empujones. El cuervo graznaba participando de la fiesta. De pronto se fue hacia la ventana y graznó con más fuerza. El jefe del grupo,  el que inició el canto, le siguió y la abrió de par en par. El pájaro volador salió rápidamente por ella, seguido del cuervo.

  • La luna. Ya ha salido la luna.

En efecto, una luna grande y dorada aparecía por el horizonte. Entonces cobró más ánimo la reunión. Todos salieron al exterior y encendieron una hoguera con los troncos que ya habían preparado para tal fin. Y comenzaron a bailar y a cantar rodeándola, hasta la media noche, cuando la luna alcanzó su cenit y su máxima blancura. Y todos con las cabezas alzadas hacia ella alabaron a la Naturaleza: al cielo, las estrellas, los árboles que les rodeaban y todas las plantas de su pequeño paraíso. Cantaron también, junto con el cuervo, a todas las aves dormidas y despiertas en ese momento, y al resto de animales terrestres y marinos con los que, entusiasmados, se identificaban en sus cantos y en sus danzas, hasta caer rendidos de cansancio.

El pájaro los sobrevolaba, sin decidir sobre quién posarse para que fuese nombrado nuevo jefe del grupo.

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LA  FUENTE

La entrada de aquel pueblo estaba marcada por una fuente de piedra. Había sido tallada por manos expertas, nadie sabe cuales, con figuras que representaban a los animales propios de aquel lugar. Con el tiempo, los que pasaban por allí y se apoyaban en ellas para beber  del caño su fresca agua, fueron desgastándolas y algunas era difícil saber que representaban. Y también tenía su leyenda.

Cuentan que hace muchos, muchos años, pasó por allí un  peregrino, con las sandalias desgastadas de tanto andar y lleno de ampollas, por la enfermedad de la viruela. Se sentó al borde de la fuente para descansar y bebió de aquel agua que apagó su sed. Y se sintió agradecido. Y se le ocurrió echar una moneda en la fuente. Entró en el pueblo y preguntó a un hombre que estaba sentado a la puerta de su casa, por un lugar donde descansar. Y el hombre, sin importarle su aspecto, le invitó a pasar a su pajar. Se corrió la voz por el pueblo de la llegada del enfermo y los vecinos le llevaron alimentos. Y él volvió a sentirse agradecido. A la mañana siguiente, muy temprano, antes de que nadie se levantara, salió del pueblo camino de la fuente. Al mirarse en sus aguas vió que sus llagas habían desaparecido. Y su agradecimiento se hizo muy, muy grande. Al siguiente día, cuando el pueblo comenzó su vida cotidiana y fueron a por agua, vieron en el fondo de la fuente algo que relucía como el oro. Era la moneda que dejó el peregrino, que se había hecho tan radiante y tan valiosa como su agradecimiento. Esta leyenda corrió de boca en boca, año tras año, siglo tras siglo, hasta el día de hoy. Y quedó escrita en la piedra. Y cada uno que pasa por allí, apaga su sed y recibe la acogida de las gentes del pueblo. Y sienten que algunos males de su corazón desaparecen. Y dejan su moneda. Y también su agradecimiento.


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Los Almendros

Estuve allí, en “Los Almendros”, de Noviembre a Abril. Fui requerida porque se necesitaba ayuda en la Guardería.

Me gusta mucho estar con niños, creo que tengo alma de maestra, pero estos eran muy pequeñines, menores de un año y, claro, la cuestión era atenderles físicamente: darles el biberón o la papilla, las medicinas, cambiarles el pañal, acunarles para que se durmieran…

Y allí me presenté un martes por la mañana, pensando estar un par de horas y no sabiendo si podría aguantar muchos días, ya que tengo algunos impedimentos físicos para coger peso. Toñi me había dicho: “Te puedes encargas de los más pequeños, y así te será más fácil”. Y así empecé. Me acompañó a la Guardería y me encontré con una sala muy agradable, muy luminosa y decorada con motivos infantiles simpáticos y coloristas. Había entonces nueve cunas, varias sillitas para bebé del tipo de hamacas, y otras altas para comer los niños y un rincón con colchonetas de cojines de colores y muchos juguetes pedagógicamente divertidos.

Había ocho niños y niñas, unos en las cunas, otros en las hamacas y algunas madres que los estaban acoplando. Al poco éstas se marcharon, pues era la hora en que comenzaba su terapia y sus niños se quedaban al cargo de la responsable de la Guardería, Blanca, a la que yo venía ayudar y que me recibió como si nos conociéramos de toda la vida, y me puso al corriente de la organización y horarios.

Al principio los niños me miraban con asombro unos, con indiferencia otros, pero enseguida les apareció la sonrisa y me engancharon. ¿Cómo iba a dejarlos sin un abrazo, aunque me pesaran un poquito?. Me hacía un lío con los nombres, pero a ellos no les importaba. Les gustaba que les hablara y que jugara con ellos, que les abrazara para dormirse y que les cambiara el pañal si estaban molestos. Todo facilidades y además me premiaban con una sonrisa y los más mayorcitos, con un festivo palmoteo de sus manitas. ¿Qué más podía pedir?. Total que cada día me quedaba un poco más. Siempre había que cambiar un pañal o dar un biberón.

Y así tuve la suerte de verles crecer y hacer progresos, que seis meses en esa edad da para mucho. También pasarlo mal cuando alguno estaba enfermo y habían tenido que ingresarle, o cuando alguno desaparecía porque se lo había llevado su mamá antes de tiempo, por no ser capaz de terminar la terapia. Otros vinieron nuevos o, incluso nacieron en ese tiempo (Lucía, la más chiquitita) y llegamos a tener once niños.

Desde mi punto de vista, de novata en estos temas, pude apreciar que tenían a su disposición muy buenos terapeutas y otros profesionales y medios para aprovechar la oportunidad de superar sus problemas y conseguir una vida mejor para sus hijos, pero también es cierto que eran mujeres que, aunque muy jóvenes todavía, había soportado una vida muy dura, mucho rechazo y deterioro físico y, en algunos casos, yo diría que psíquico también.

Supe algunos detalles de sus vidas o de sus esperanzas de salir de la marginación, por los comentarios entre ellas o, a veces, que me contaban directamente cuando pasaban a la Guardería a dar un beso a sus hijos en algún descanso y donde creo que se encontraban también escuchadas y comprendidas.

Tengo que agradecer al Señor el haber podido disfrutar de abrazar a estos niños, de los que sigo recordando sus caritas y sus nombres y las fotografías del grupo siguen estando en mi dormitorio. Me gustaría saber como discurren sus vidas y las de sus madres, si ellas han comprendido que Dios Padre también es suyo y las quiere, y que su paso por esa Casa, Los Almendros, donde también se ora por ellas, haya sido motivo de esperanza y fortaleza. También le agradezco el haber conocido a un grupo de personas, muy entregadas en su trabajo con ellas, que me acogieron con cariño y de las que aprendí cosas muy interesantes, que me hubiera perdido de no haber esta allí.

Fue muy poco tiempo, pero tan precioso para mí que entra dentro del grupo de lo que realmente merece la pena vivir.


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MEDITACIONES

  1. Me acaban de comunicar que me quedan 30 minutos de vida. Me dicen que me relacione con quien quiera, que puedo llamar por teléfono o escribir a alguien. Que piense que quiero hacer y en qué voy a utilizar estos 30´.

Creo que sólo se me ocurre esperar. Ponerme en manos de Dios y esperar, porque lo que no haya hecho en toda mi vida, mal puedo hacerlo en 30´… Únicamente se me está ocurriendo ponerme a escribir. Si, voy a escribir una carta dirigida a mis familiares, a mis amigos, a mis conocidos. A las personas que me han querido y a las que me han menospreciado. A todo aquél que tenga curiosidad por leerla, porque es lo único que puedo hacer: si alguien la quiere leer, la lee, y si no, se quema y punto.

Pensando en el recorrido de mi vida, desde luego lo primero que quiero hacer es pedir perdón a todos aquellos que les haya ofendido, que les haya producido algún mal, que les haya defraudado, que no hayan podido entenderme, que no me hayan  comprendido y piensen que mi forma de hacer ha sido inconveniente para ellos, hecho con mala intención o cosa parecida. Quiero pedir perdón y hacerles saber que no ha sido esa mi intención. Quiero morir en paz con todo el mundo y unida a todo el mundo. Y en todo el mundo no me refiero sólo a los mas cercanos a mi. Digo “todo el mundo” de personas, por muy lejanas que estén, de la tierra, del mar, del cielo, de las estrellas, de todo aquello que ha sido creado, lo que he conocido y lo que he presentido. Quiero relacionarme con todos en este último momento.

Mi vida, bueno, no puede decirse que haya sido muy, no sé, muy productiva, pero si es cierto que en todo momento he tenido la impresión de vivir lo que me tocaba vivir, de saborearla, de vivirla, en una palabra, en los malos y en los buenos momentos.

Cuando era pequeña me tocó una post-guerra. Carecíamos de muchas cosas, pero como tampoco las conocíamos, no las echábamos de menos. Siempre he tenido la compañía de mi familia, su valoración, para ellos era alguien y yo, aunque era muy tímida, me encontraba a gusto. Me sentía querida, me sentía protegida por lo que no he pasado grandes sufrimientos. Me relacionaba con mis amigos siempre desde un plano un poco inferior que los demás, no en cultura o educación, pero siempre iba a la zaga. Pero ahora me recuerdo como muy inteligente, muy tenaz y muy capaz de hacer muchas cosas que los demás no hacían, bien por vaguería y porque tenían menos posibilidades que yo.

Tuve la suerte de tener un padre que me promocionó constantemente: me pidió esfuerzo y me dio oportunidades y no dejó que me quedara estancada, como les ocurrió a muchas chicas de mi entorno.

Cuando llegó el momento oportuno me casé, porque era eso lo natural entonces, pero también porque realmente era lo que yo quería hacer: querer a un hombre, tener hijos con él y formar una familia juntos para toda la vida… Quizás me faltó creer menos en mis sueños y más en los cambios que estaban llegando y que también influirían en mi formación de persona madura.

Estamos en el minuto 29. Gracias Padre porque sé que siempre has estado conmigo, aunque yo, humana inconsciente, algunas veces no te he notado o no he querido hacerlo y luego te he reclamado por no salirme las cosas como yo quería. Perdóname y llévame de la mano junto a Ti, para que me sienta acompañada también en este último viaje.

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  1. He recordado una vez que me sentí fracasada. Fue por las creencias religiosas de mis hijos. Unos eran algo creyentes, pero otros nada. Yo lo achacaba a que no había sabido convencerles, transmitirles las mías. Pero un sacerdote me hizo ver que yo no era la única persona que tenía influencia sobre mis hijos y ellos habían elegido otras opciones. Comprendí mi punto de soberbia y me tranquilicé respecto a lo que consideraba mi fracaso. No había considerado que había otras opciones positivas, además de la mía. Esto me hizo ser más abierta.

En general, veo más las equivocaciones que he tenido y no las considero tanto como un fracaso. De ellas también he aprendido. El único fracaso es no desarrollar todas nuestras facultades, y tirar la toalla ante la lucha por lograr ser uno mismo y aceptarnos.

 

 

 

  1. Hoy no consigo encontrar y lugar actual. Sé que mi vocación sigue siendo llegar a ser el Mar, pero en este momento de mi vida no sé exactamente donde estoy en mi recorrido.

Recuerdo la primera fase, mi nacimiento, siendo mi río pequeño, casi sin importancia, pero proveniente de un rio subterráneo muy caudaloso. Poco a poco se fueron ensanchando mis orillas, al tiempo que se me iban dando a conocer otro lugares, otros paisajes, más gentes. Era feliz, a pesar de los sufrimientos y trabajos que en algunos momentos de mi recorrido tenía que soportar, porque siempre mi meta era llegar al mar; ser yo quien recogiera afluentes para seguir el mismo camino, que unas veces era muy lento, a causa de las interferencias         que encontraba y otras más gratificante para mi y para lo que me rodeaba.

Pero ahora sólo me veo llegando al mar y lo veo como mi meta conseguida y sin embargo siento que aún me quedan trozos de recorrido que van a ser muy duros.

 

 

  1. ¿Qué hacer?. Tu me das ayuda, lo sé. Pero, ¿qué ayuda te puedo pedir que Tu no sepas, mejor que yo, que necesito?. Hazme ver, comprender, como encajar esta situación, tan difícil, con mis sentimientos más íntimos, que yo no creo injustos, pero que lo entienden así. ¿Se los doy por escrito?. Si creyera que así lo entenderían no tendría inconveniente en hacerlo, pero puede ser peor el remedio y podría poner la mecha al rojo vivo.

 

 

SUEÑOS

 

Curso en Toledo de Reiki. Nov. 2004

Día 15. soñé que una señora con bolsas en ambas manos, se nos acercó a Juana y a mi cuando íbamos por un pasillo de Los Carmelitas, y nos pidió que la orientáramos a donde tenía que ir, pues no lo sabía. Ni nosotras tampoco.

 

Día 20. noche tumultuosa. Con fuerte sensación de vómito. Cambiaba de postura constantemente. Luego sueños muy duros. Mi hija María se desmayaba al levantarse de la silla en mi casa. Quería irse a la suya porque se encontraba muy mal, pero no podía. Yo quería sujetarla y al mismo tiempo atender a Javi, su hijo, que andaba tocando cosas peligrosas para él. Estaba yo muy angustiada intentando llegar a todo. Me desperté con mucho dolor de cabeza y el cuerpo entumecido. Cuando me levanté me crujían todos los huesos y andaba con dificultad.

 

 

30-12-04. hora de la siesta. Siento mi cara como dormida y no tengo fuerza para abrir los ojos del todo. Estoy acostada en mi cama y oigo entrar a Menchu con Mª.Dolores que vienen a verme. No estoy enferma, pero vienen a charlar un rato. Entran en mi dormitorio y no soy capaz de incorporarme. Les pido disculpas por ello y me dicen que no me preocupe, que en otro momento nos veremos. Se van y quiero incorporarme, pero sigo sin poder. Pienso que el Reiki me sentaría bien y me deslizó hacia la alfombra para iniciarlo. Veo a mi alrededor muchos cacharros de la cocina: cacerolas, platos, sartenes, frascos… y el suelo con agua. Con mucho cuidado y mareada salgo hacia la cocina y todo lo  veo cubierto de agua y en la cocina más. Emilio me dice que se ha atascado la pila y que trata de arreglarla, pero que la hemos forzado mucho con tanto enchufar y desenchufarla. Le digo que me vuelvo a la cama, que no me encuentro bien.

Me voy despertando lentamente con la sensación de tener todavía la cara dormida y sigo mareada. Tardo algunos minutos en poder levantarme.

Ha sido una larga siesta: una hora y media.

 

 


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MI ESTRELLA (Junio 1978)

Esta noche desperté y mis ojos asombrados se fijaron en ti. No sabía si te había visto otras veces o sólo te había intuido a través de mis sueños.

Te vi allí, luminosa, resplandeciente como ninguna. Jamás había visto nada igual. Tan brillante estabas que hasta rayos refulgente salían de ti. Un brillante halo te rodeaba completamente.

Yo te contemplaba y me parecía imposible que estuvieras ahí sólo para mi. Porque estaba convencida que sólo yo podía verte: era mi estrella. Me dormí acariciada por tu luz y mi sueño fue dulce y tranquilo.

Otras noches he querido volver a verte, pero el hechizo estaba roto. El trozo de cielo en que te vi estaba ahí. Tu también en él, pero ya tu brillo no era intenso, ni estabas allí por mi.

Fue muy fugaz nuestro encuentro, pero dejó en mi honda huella. No podré olvidarte y cada noche esperaré tu nuevo resurgir.


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VOSOTROS… (MAYO 1977)

Vosotros, los que constantemente os estáis comparando con vuestros semejantes, y de esta comparación sistemáticamente salís triunfantes y luego, cruelmente, ridiculizáis a vuestro vencido, ¡qué gran espejo necesitáis delante de vuestras propias narices, y qué gran foco iluminando vuestra mente, para ver la viga de vuestro ojo en vez de la paja del de vuestro oponente!


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EL ARBOL

Unas manos amorosas me plantaron cuando era apenas una rama. Fue en una pequeña parcela de un pequeño terreno, de un pequeño pueblo de la sierra de Madrid, pero que, para mí, fue grande y hermoso. Crecí con ilusión de hacerme grande y frondoso. Yo no era un árbol definido, ni me preocupaba. Ocupaba un pequeño espacio ente otros varios árboles y era suficiente. Me cuidaban y yo me sabía importante porque pertenecía a alguien. En un determinado momento, las manos que me cuidaban decidieron que podía ser un árbol frutal y me injertaron. Y di fruto, sano y abundante, y me sentí más importante aún.

Más adelante fui viendo como otras manos se acercaban a coger mis frutos y los comían con avidez, pero no los saboreaban, y esto me puso un poco triste.

Pasó el tiempo. Las manos que me plantaron y me cuidaron ya no podían hacerlo y las otras manos no se preocupaban por mis necesidades, sólo de recoger mis frutos, y que fueran los más posibles. Sufrí sequías, inundaciones, tormentas con rayos que dañaron el interior de mi tronco. Y yo seguía dando frutos, y otros seguían comiendo o tirándolos sin darles ningún valor o agradecimiento, pero aún me sentía importante.

Y mi tronco fue envejeciendo, quedando sólo la corteza y poco más. Pero la savia seguía circulando por mi interior, elaborada con los nutrientes de la tierra donde se asentaban mis fuertes raíces, y seguí floreciendo en cada primavera, aunque mis frutos ya sólo alimentaban a los pájaros. Y seguí  considerándome afortunado, porque alguien, alguna vez, se introducía en el hueco de mi tronco y se resguardaba del frío, aunque alguien, alguna vez, hacía fuego dentro de mi y me quemaba las entrañas dejando cicatrices  humeantes, pero aún servía para algo y milagrosamente seguía floreciendo en primavera.

Que el Amor, el mejor nutriente de nuestra fe, donde se asientan

nuestras raíces más profundas, nos siga renovando cada Navidad,

y que la Paz del Señor nos una,  más aún, en esta Navidad 2005.