elisina

Es el espacio donde entre todos cumpliremos el sueño de mi madre, publicar sus escritos y salvaguardar sus memorias.


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EL GRITO DEL SILENCIO

 

Silencio….  Silencio….

Silencio, hermano, silencio.

 

¿Qué es lo que se oye

escuchando en el silencio?

 

Es el brotar de la vida

en el campo antes yerto,

cuando la mansa lluvia

despacio va cayendo y ayuda con su riego

 

 

Vagidos de animales,

el susurro del viento,

el batir de las alas

de aves que han nacido, y de las que ya murieron.

 

¡Hay más en el silencio!

 

Ese rumor lejano,

pero que va creciendo,

que se clava en el alma,

que me quita la paz y me quita el sosiego.

 

 

Es un canto salvaje,

es un quejido lento,

es la angustia vivida

que el silencio recoge, de los que están sufriendo.

 

¿Qué es esto que se mezcla

también con el silencio?

 

Eso es tu grito, hermano,

y el grito de otros cientos,

que piden, que reclaman

su parte en el silencio.

 

 

 

Elisa Martínez Valverde


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… “Y EL SEPTIMO DIA DESCANSO”…

 

… “Y bendijo Dios el día sèptimo y lo consagró, porque ese día descansó de toda su tarea de crear”…

 

Y Dios se recreó contemplando su obra, y vio que todo era bueno. Fijó su mirada en el hombre y se vio reflejado en él, y vio que era bueno. Y siguió descansando.

 

Y pasó un día, un año, un siglo…

 

Y vio Dios que algunos hombres se encerraban en templos en donde le adoraban, y se dedicaban al servicio de otros hombres.

 

Y vio Dios que era bueno.

 

Y vio a otros hombres que trabajaban en la tierra, ganando el pan con el sudor de su frente, y que se unían para ir a adorarle en el Templo.

 

Y vio Dios que era bueno.

 

Y vio también a otros hombres que cuidaban la tierra o el ganado, y eran alfareros, o tejedores, o carpinteros…, y que le adoraban en el templo de su corazón.

 

Y vio Dios que era bueno.

 

Y Dios siguió descansando porque había entregado su obra al hombre, y le había dado los dones necesarios para someterla y dominarla.

 

Y pasó un día, un año, un siglo…

 

Y vio Dios que los hombres discutían entre ellos, sobre cual era la mejor forma de adorar a Dios, y todos querían tener razón. Y empezaron las discordias, y las rencillas, y los odios…

 

Y vio Dios que no era bueno.

 

Y vio Dios que algunos hombres utilizaban los dones que El les había regalado, para someter, no sólo a la tierra, sino a otros hombres, impidiéndoles utilizar sus propios dones, recibidos también de El.

 

Y vio Dios que no era bueno.

 

Y vio Dios que lo que la tierra producía era sólo para unos pocos, mientras unos muchos sufrían hambre, enfermedad, persecución, injusticia…

 

Y supo Dios que el pecado se había introducido en su obra.

 

Y Dios dejó de descansar, y miró al hombre con infinito amor y comenzó la recreación.

 

Y con paciencia y ternura infinitas, tejió un hilo que unía su corazón al corazón de cada hombre, para que sintiera dentro de él la fuerza de su Amor. Y a este hilo le llamó Jesús.

 

Y vio el hombre que era bueno, y llamó a Dios: PADRE.

 

Mas el pecado vio que aquello no era bueno para él, y ayudó al hombre a cortar el hilo con Dios.

 

Y entonces el Padre, con infinita delicadeza, anudó el hilo y el hombre volvió a quedar unido a El, pero más cerca.

 

Y pasó un día, un año, un siglo…

 

Y Dios sigue, con infinita misericordia, anudando hilos. Y ve Dios hombres que, con cada nuevo nudo, experimentan su perdón y van siendo otra vez imagen suya.

 

Y ve Dios que es bueno.

 

Y también ve hombres que se resisten a sentirse atados a El y cortan una y otra vez el hilo, hasta que sienten su Amor tan cerca, que no pueden por menos que entregarse.

 

Y ve Dios que también es muy bueno.

 

Pero Dios no ha vuelto a descansar.


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El crucificado, la madre y el discípulo (1994)

 

El crucificado, la madre, el discípulo y algunas mujeres. Poca gente reunida en un momento tan importante: el momento en que comienza el tiempo en que las cosas no volverán a ser igual. El momento en que la tierra entera va a temblar ante la muerte de Jesús. El momento en que comienza la salvación de la humanidad.

 

  • Mujer, ahí tienes a tu hijo.

Y al discípulo…

  • Ahí tienes a tu madre.

 

María comprende que Jesús la empuja a ocuparse de los hombres, de sus otros hijos. Ahora recuerda el momento en que ella le empujó a él a ocuparse también de los hombres. Fue en Canaá, en una boda. Y ella le empujó a comenzar su obra.

 

Se les había acabado el vino.

Ella:

  • No les queda vino.

El:

  • Mujer, mi hora no ha llegado todavía.

Ella, a los que los servían:

  • Haced lo que El os diga.

 

Y resultó. Y todos se alegraron.

Ahora es él quién la empuja a ella, quien la dice: “¡Ayúdales!. Tu que has estado tan cerca de mi, que me has acompañado para hacer la voluntad del Padre, porque tu también  dijiste SI, ¡ayúdales!. Son también tus hijos, porque son también mis hermanos. Son herederos conmigo de la gloria del Padre. Acompáñales a recorrer el camino para llegar a El. Diles que todos son iguales a sus ojos, que para todos por igual creó el cielo y la tierra, que a todos los hizo a su imagen y semejanza, y que la casa del Padre es tan grande, tan grande, que todos pueden caber en ella. Sólo tienen que desearlo de corazón. Tienen que amarse unos a otros como yo los amo.

 

Juan dice:

  • Maestro ¿cómo puedes hablar así hallándote en la situación en que te hallas? ¿habiéndote hecho sufrir tanto dolor y tanta humillación esos hombres de quienes nos hablas?.
  • Juan ¿no recuerdas mis enseñanzas? ¿no sabes que lo importante es no perder de vista la meta?. No importa las dificultades del camino, ni que nadie os comprenda, os insulten, ni que os hagáis famosos o poderosos. El Padre no quiere grandes hombres: quiere hombres. No quiere grandes fortunas: quiere afortunados, aquellos que conociendo el valor de su campo se disponen a ararlo. Ni quiere grandes inteligencias, sino hombres sabios.

Quiere al que sabe dejar lo superfluo y no se justifica al tener más de lo

necesario. A los que saben respetar su obra creadora y no la destruyen a favor   sus propios intereses. A los que no hacen dioses (aunque sean pequeños dioses) de su cuerpo, posición, educación, tiempo, etc., y saben compartir todo eso con los demás. A los que no ponen límite a los pueblos acotando la libertad que Dios ha puesto en los hombres.

  • Señor, tu eres la palabra hecha carne. Cambia mi corazón para que lata al compás de los latidos del tuyo. Ayúdame a ser misericordioso, hasta que me haga misericordia. Haz que sea capaz de compartir mis cinco panes y dos peces, bendecidos por ti, para que calmen el hambre de los hambrientos. Hazme pacífico, pero capaz de enfrentarme a la injusticia que destroza el mundo. Coge, en fin, mi barro y moldéalo como tu quieras, Señor, porque tu eres la vid y yo un pequeño sarmiento, y no podré dar fruto si no estoy unido a ti
  • Si, Juan, si. Ese es el camino, ese el mi camino. Díselo así a todos los pueblos, a todos los hombres de todas las razas y de todas las condiciones sociales. Porque así, unidos a mí daréis fruto, y vuestro fruto será agradable a los ojos del Padre. Y un día, delante de El, os podré decir: “Venid benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me distéis de comer, enfermo y en la cárcel y me visitasteis, extranjero y me acogisteis”. Y todo esto lo hicisteis cuando lo habéis hecho con uno de mis hermanos, de vuestros hermanos.

 


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VIERNES SANTO 1990

 

En sus brazos estaba todo el dolor del mundo. Incomprensible, pero era así.

 

El anuncio de su nacimiento, incomprensible también, la llenó de gozo (y de temor), pero su confianza en Dios la hizo pronunciar un Sí incondicional. Le vió crecer en la esperanza de que se cumpliera en El la promesa de Dios, y ahora lo tiene muerto entre sus brazos, incomprensiblemente muerto. Matado por la injusticia, el odio, el poder …

 

Poco antes, al pié de la cruz, el Hijo la ofreció la maternidad de un hombre: Juan, (ahora comprende que era la maternidad de todos los hombres) y también le dijo un Sí sin condiciones.

 

Mirándole ahora se preguntará a cuántos hijos más tendrá que abrazar muertos, nuevos Cristos, víctimas  de pecados ajenos.

 

Pero su Fiat la lleva más lejos: abrazará y acompañará a los que somos víctimas de nuestros propios pecados. Su amor a la humanidad se ha hecho inmenso, se ha contagiado del amor de su Hijo y, a partir de ese momento, no nos dejará sin su consuelo y, para ello, la fuerza del Altísimo también la cubrirá con su manto.

 

Viernes Santo de 1990. Han pasado casi 20 siglos y seguimos compadeciéndonos de María y de Jesús y condenando a los que le mataron, y con ello acallamos nuestras conciencias, pero seguimos teniendo miedo a decir SI, a  dejar de ser YO para ser el elegido de EL.

 

¿Cuántos nos dejaremos contagiar a partir de ahora, como María, por el amor de la muerte  de Jesús? ¿Cuántos acogeremos en nuestros brazos el dolor de los que sufren a nuestro alrededor de soledad, de incomprensión (ahora se llama depresiones), de amargura…?

 

¿Haremos nuestro el dolor de la madre o el padre (no importa el sexo, Dios es también Madre), que acogen en sus vidas el sufrimiento del hijo minusválido o drogadicto, que se va marchitando sin esperanza de recuperación? O el del mismo drogadicto, que se ve impotente para salir del pozo en que le ha sumido su inconsciencia o la mala fe de otros.

¿Lo abrazaremos o, por el contrario, pisaremos la mano con la que se agarra al brocal de su pozo para salir? ¿Le escupiremos nuestro desprecio como indeseable?

 

¿Prestaremos nuestro apoyo al que sabemos injustamente tratado, o nuestra aspiración es representar al poder, que flagela y aplasta?

 

¿Daremos vida de nuestra vida, poca o mucha, la que se nos pida en nuestro entorno, o pasaremos por el mundo sin mojarnos ni mancharnos, cómodamente, haciendo el juego a los hijos  de las tinieblas?

 

¿Seremos capaces de quitar espinas de la vida de los marginados por su raza, ideas, haber sufrido prisión, distintas costumbres, etc?.

 

–  1  –

 

Un día me fijé en todas las cosas que llevo a diario en mi bolso: un peine por si me despeino, un espejo para mirarme, barra de labios, papel y bolígrafo para tomar notas, agenda, monedero, bonobus, y hasta aspirinas por si me duele la cabeza. Cosas que, la mayoría de la veces, ni siquiera uso.

 

Entonces hice la pequeña experiencia de salir a la calle sin él. Me puse un chandal y unas zapatillas y me fui por ahí sin nada más. No tenía que preocuparme por comprar nada, pues no llevaba dinero, ni tampoco tenía miedo a que me lo quitaran. Me sentía más ligera sin el peso del bolso, más libre y, al mismo tiempo, más atenta a lo que había  a mi alrededor: a las calles, a las gentes, al cielo y también oía cantar a los pájaros y notar un nuevo calor del sol. Entonces comprendí a los que pueden vivir con una sola túnica.

 

Ya digo que fue una pequeña experiencia, pero entonces supe que el día que eso fuera habitual en mi vida, estaría preparada para celebrar la Pascua con el Señor.


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E L     C R E D O    (Símbolo de los Apóstoles)

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.


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DIA DEL SACERDOTE

Señor, le miraste a los ojos

Y musitando dijiste su nombre.

El dejó sus redes y te siguió.

Le diste tu bendición.

Ungiste sus manos

Y se acostumbraron a dar y a recibir.

A recibir con humildad,

A dar con alegría y generosidad.

Le diste la oportunidad de demostrarte su amor

Dirigiendo a tus hijos,

Acercándoles a Ti,

Perdonando sus pecados

Y enseñándoles a conocerte.

Le hiciste fuerte ante las injusticias,

Humilde ante las vanidades,

Entregado por Ti hasta el último grado del sacrificio.

Clarividente para buscar tu apoyo,

Y renovar sus fuerzas cada día.

Caminante solitario en un mundo de ciegos y sordos,

Que consigue hacerse ver y oir,

Para propagar tu mensaje.

Transmisor de tu amor a los hombres

Por toda la Eternidad.

Le mostraste a tu Madre

Y Ella le acompañó en su camino, áspero y solitario.

Señor, que su pie no tropiece,

Que sus manos no se cansen de ayudar

Que su corazón no se cierre al amor.

Señor, sigue musitando nombres

Muy bajito, para que te distingan

De los gritos del mundo.

¡No te canses, Señor!


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Bendición comida Navidad 2.012

Dios Padre, bendice estos alimentos que nos han reunido en torno a esta mesa, en este día en que celebramos tu venida, naciendo hombre como nosotros. Señor, bendícenos a los aquí presentes; a los que este año no están por diversas causas, pero que todos recordamos de forma especial; bendice a los que, con su trabajo, han hecho posible esta comida, desde la siembra del grano hasta el pan que comeremos y desde la siembra de la vid hasta el vino que beberemos. Bendice también Padre a los que han preparado  todos estos alimentos que vamos a disfrutar y a los que, con su colaboración, hacen que este día sea único.

 

            Te pido Padre Bueno que, al menos hasta esta tercera generación de la familia, aquí presente, recordemos siempre este día, no sólo como el de una comida especial, sino por lo que significa de Tu presencia en nuestras vidas, tu apoyo en los momentos difíciles, y nuestro amor hacia Ti al recibirlo. Gracias Señor.

 

                                                                          NAVIDAD 2012