elisina

Es el espacio donde entre todos cumpliremos el sueño de mi madre, publicar sus escritos y salvaguardar sus memorias.

UNAS VACACIONES ÚNICAS

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En el año 1944 (¡vaya, cuanto tiempo hace!), antes de cumplir yo los ocho años, me invitaron mis tíos a pasar el verano con ellos en el Cabo de Gata. Mi tío era torrero del faro, donde también tenían la vivienda. Ya sabéis… los que encienden por la noche los faros de la costa para orientar a los barcos que navegan cerca de ella. Su trabajo consistía, además de encender puntualmente la enorme linterna, que así se llama la cúpula de la torre que se ilumina, consistía digo, en vigilar que no se apagara durante toda la noche, pues no eran linternas eléctricas o de pilas como las que vosotros conocéis, sino que se encendían con petróleo y había que apagarlas a su debido tiempo. Como podéis comprenden, tampoco teníamos luz eléctrica para la casa ni, por consiguiente, nevera, lavadora, lavavajillas, etc. Allí todo era manual: se lavaba la ropa en una pila, los cacharros en un barreño, las personas en palanganas, por cierto muy bonitas, pero todos ellos había que llenarlos con agua de un aljibe, que era como un pozo, pero que se llenaba con el agua de la lluvia.

Seguro que muchos de vosotros diréis:¡Que horror!. Pues no. Lo pasábamos muy bien, porque además de ayudar en algunas tareas que nos mandaba (y eso no nos gustaba nada, como a vosotros ahora), íbamos a pescar en un bote de remos, cuando salía el sol y el mar estaba muy bonito, echaban la red y se recogía con muchos peces, que luego mi tía preparaba para la comida. También tenían unas cabras que cuidaban unos pastores que vivían cerca y nos daban la leche que necesitábamos.

A mi me gustaba mucho ir a casa de los pastores a ver ordeñar a las cabras, pero un día tuve la mala suerte de que una moscarda, de las muchas que volaban por allí, tuviera a bien poner sus numerosos huevecillos en mi ojo,  por lo que no podía ver nada. Entonces mis primos y yo nos volvimos a casa lo más rápidamente posible, por un camino estrecho y montañoso encima del cual estaba el faro, para que me curaran mis tíos, porque por aquel sitio tan aislado no había médicos, ni farmacias ni nada, pero todos se apañaban muy bien. Con la puntita de un pañuelo, y mucha paciencia, me sacaron los huevos y gusanillos en que se habían convertido ya muchos de ellos, me lavaron con agua del mar, y ahí se acabó la odisea.

También me lo pasaba muy bien cuando íbamos a nadar a una pequeña playita llamada La Calilla, que se formaba entre la montaña del faro y la de al lado. El agua estaba transparente y se veía todo el fondo: peces de muchas clases y colores, lapas y mejillones que se adherían a las rocas, cangrejos que corrían de lado muy graciosos, huyendo de nuestras manos. Nos lo pasábamos “pipa”, nunca queríamos salir del agua y menos que para volver a comer teníamos que subir aquella cuestona. Pero, en fin, hacíamos apuestas a ver quien llegaba antes arriba, que por cierto nunca gané, pero no me importaba porque me divertía mucho.

Otra cosa que también me gustaba mucho, era ver desde la barandilla del faro, una gran playa situada al otro lado del mismo, donde llegaban varios tipos de barcos pequeños de remos o de vela y cómo se zambullían en el agua algunos “hombres rana”, porque querían ver aquel fondo maravilloso desde más profundidad y estudiarlo. ¡Era fantástico!

Por la noche, como tampoco teníamos televisión (creo que ni  se había inventado), inventábamos nosotros juegos maravillosos, de fantasmas y de monstruos marinos, que nos daban muchos miedo y no podíamos casi dormir por la noche, pero que nos lo pasábamos tan bien riéndonos de los que se asustaban más, que al día siguiente volvíamos a repetir.

Aquellas vacaciones fueron fantásticas, porque también fue mi cumpleochoaños, y todos me regalaron algo precioso: conchas recogidas en la playa, cangrejos vivos, flores y plantas del mar, un sombrero para el sol  tejido con hojas de una planta que había por allí y que no recuerdo como se llamaba, una tarta riquísima …

En fin, yo no digo que tengo muchos años, sino que tengo muchas experiencias.

La abuela de…

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