elisina

Es el espacio donde entre todos cumpliremos el sueño de mi madre, publicar sus escritos y salvaguardar sus memorias.

¿SIEMPRE REBELDE?

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Hoy ha hecho pellas. Se ha fumado la clase de Religión. –  “Este profe es un inútil, todo lo ve desde el mismo prisma ¡que aburrido!. Yo quiero divertirme, pasármelo bien. La vida es corta y si no lo hago ahora ¿cuándo lo voy a hacer? ¿cuándo tenga 30 años? Ni loca, tiene que se ahora o nunca”, –  se va contando Paloma mientras camina por un paseo lateral del Retiro, fuera ya del recinto del Instituto. –  “Voy a coger un autobús que me lleve a otro lugar, a un barrio desconocido, donde haya gente divertida, no como los bordes que hay por aquí”.

Con paso cada vez más rápido, continúa con su monólogo: – Y mis padres los peores que si “a ver que haces por ahí; no se te ocurra fumar; no bebas que luego te arrepentirás, se empieza por una caña y luego pasa lo que pasa. Y luego me quieren convencer:   sal de paseo con tus amigas, vais al cine o a merendar y lo pasáis bien pero, eso sí, a la hora  de cenar en casa, como siempre, toda la familia. ¿Cómo que vais a ir a un cumpleaños en una sala de fiesta?. Mira, hija, déjate de sandeces que eres muy joven aún. Ya tendrás tiempo de salir con chicos y a bailar”. “¡Pero si tengo ya catorce años!”. “Y eso que es. A tu edad yo todavía jugaba con mis hermanos y ahora sólo pensáis en ir a correr mundo”. “Está visto que no me van a dejar en paz hasta que sea una vieja. Pero no pienso hacerles caso y hoy voy a aprovechar el día”.

Mientras sale del Retiro por la Puerta de Alcalá, ve una parada de autobús donde esperan un grupo de chavales de aspecto un tanto singular. Los chicos visten enormes pantalones caídos y llenos de bolsillos y colgajos por todas partes y camisetas con mensajes en inglés. Las chicas pantalones muy largos y que no les llegan a la cintura y pequeñas camisetas ceñidas al cuerpo. Pero a Paloma lo que más le gusta son sus pelos teñidos de colores, despeinados en punta y rapados a trozos y sobre todo, sobre todo, los pink que lucen por varias partes de la cabeza y el cuerpo, ¡cómo brillan!. Sus padres pusieron el grito en el cielo cuando ella quiso ponerse uno en el labio.

Se acerca a la parada y ve que están fumando y se lo están pasando muy bien, piensa Paloma. Sólo tienen uno y lo comparten; deben de ser buenos amigos. Poco a poco la van metiendo en su rollo.

  • Tía ¿de dónde has salido?, la preguntan con mucha sorna.

–    Tronco dale a esta piba un canuto, que me parece que se va a estrenar.

  • No pensarás estrenarla tú ¿verdad?. Ja, ja, ja .

Codazos empujones, cachetes y risa, mucha risa, ja, ja, ja.

  • ¡Vaya cachondeo, colega!

La tía, Paloma por más señas, se siente atraída por la situación: algo divertido, sin complicaciones y sin que nadie se entere.

Llega el autobús 51 y todos suben en pandilla con gran jolgorio. Los pasajeros les miran con recelo, pero no dicen nada. Algunos, pocos, se ríen con las ocurrencias de los adolescentes y envidian su alegría y juventud. El autobús sigue su recorrido por varias calles de “pijos” de Madrid. La panda, con Paloma incluida, siguen bromeando, empujándose y molestando a los que tienen cerca. Un hombre bien vestido, con traje y con corbata,  les llama la atención. Ellos le miran y se ríen descaradamente de él. El hombre los llama estúpidos, maleducados y les amenaza con el portafolios que lleva en la mano. Ellos vuelven a reírse se reagrupan y comienzan a hablar entre ellos en voz baja. De su conversación sólo se escuchan afirmaciones y negativas a las ideas que a cada uno se van ocurriendo. Paloma participa en el juego, alegre y feliz como nunca. El autobús avanza hacia el final de su recorrido y el hombre se dispone a bajar. El grupo se mira con complicidad y se separan para bajar por puertas distintas. Empujándose saltan a la acera. Es una calle estrecha y poco transitada y el autobús sigue su camino. Como en una operación bien premeditada, siguen al hombre que empieza a mirarles de reojo bastante preocupado. Dos de ellos le adelantan y él se para en seco para increparles. El resto se acerca por detrás y de un tirón intentan quitarle el portafolios. Pero con lo que no contaban es con que éste iba unido a la muñeca del hombre por una cadena. Por la fuerza que emplearon el hombre calló al suelo. Paloma retrocedió unos pasos, asustada por el caríz que iba tomando el juego. Los otros, agrupados, comenzaron a arrastrarle, en un intento de conseguir lo que ellos consideraban que era su trofeo y le llevaron hasta el centro de la calzada. La ráfaga de luz de los faros de un coche les deslumbraron y soltaron su presa para salir huyendo. El que no pudo huir fue el hombre que quedó aplastado por las ruedas del vehículo, cuyo conductor no tuvo tiempo de parar.

Todo fue muy rápido. Los gritos de unas pocas personas que habían sido testigos de lo ocurrido, se dirigían al grupo que escapaba como alma que lleva el diablo.

Paloma, conmocionada, no podía creer lo que estaba viviendo. Pero a ella nadie la gritó. Su aspecto y su vestimenta no llamaban la atención y la dejaban libre de toda sospecha.

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