elisina

Es el espacio donde entre todos cumpliremos el sueño de mi madre, publicar sus escritos y salvaguardar sus memorias.

Salt Lake City 20 Mayo 96

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Hoy se ha cruzado con mi amarilla mirada la de unos hermosos ojos almendrados, de una profunda negrura, su sutil inclinación delatan el oriental origen de esos escasos diez años

En su incipiente cadera apoya el negro cuerpecillo de alguien mucho más joven que ella: De escasa sonrisa, de indefinido sexo, de prudente cabeza rapada, se aferra a su cuello como si la vida pudiera írsele en ello. Y bien es cierto que que ella es su sustento, su transporte, el único motivo de su escasa existencia.

Hoy la niña de los ojos almendrados se ha sentado a mi lado siempre acompañada de su inseparable y viva protuberancia. Hoy la niña de ojos almendrados ha querido sentir  conmigo la contraria sensación de la cálida arena en las piernas y la fresca brisa del mar golpeándonos su rostro. Hemos visto ponerse el sol juntas y ninguna ha emitido sonido alguno. No hacían falta palabras.

Mi pelo flotaba mecido con el viento. Sus largos mechones pastas colgaban lastrados de arena, sal… mugre. Me hizo gracia la metáfora. Me dolió su sentido.

Se ha plantado subitamente, ha plantado frente a mi sus “cuerpecillos” interrumpiendo mi cercanía con el infinito y me ha sonreído, me ha llenado. Ahora corre alejándose y no nos hemos dicho nada.

Absorbida por el encanto del momento he quedado clavada en el presente. Fuera de toda realidad transporto mi mirada del horizonte al ya totalmente estrellado firmamento buscando, al extender mi cuerpo sobre la arena, retener un poco del calor que queda.

He despertado con el susurro de un aliento en mi oído, con la curiosa caricia de unas manitas en mi rostro y por unos momentos me he dejado llevar. Al abrir los ojos, la luz de la luna acentuaban aún más su obligada calvicie, el negro carbón de su piel… la blancura de sus diminutos dientes.

Mirando alrededor descubro que estamos solos. Me he sentado bruscamente y he abrazado su escaso cuerpecillo, mas que por una pretendida maternidad, por un intenso miedo que se iba convirtiendo en terror al darme cuenta de esta cruel realidad.

Con la dificultad que la oscuridad de la noche impone, he buscado con la mirada en las profundidades del bosque. Descubro su cuerpo quieto, sus densos ojos, la tristeza del momento.

Hoy la niña de los ojos almendrados ha querido desprenderse de su carga precoz.

Hoy la niña de los ojos almendrados ha querido que su pelo flotara al viento como el mío.

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