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Es el espacio donde entre todos cumpliremos el sueño de mi madre, publicar sus escritos y salvaguardar sus memorias.

Valencia

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Querida hermana:                                                                                        Valencia , agosto 1938

 

Hoy he soñado que estábamos en casa todos juntos, como hace dos años. Me sentía feliz en esa situación, a pesar de que las amenazas de guerra que volaban sobre nuestras cabezas estaban siendo ya una realidad.

Hoy siguen estando presentes en nuestras vidas con toda virulencia, y me han despertado el ruidos de los combates, las bombas lanzadas por los aviones sobre puntos estratégicos y los cañonazos disparados desde los buques de guerra estacionados en el puerto. Ha durado poco mi sueño, pero he querido contártelo para transmitirte mi esperanza de que eso va a ser posible de nuevo.

¡Hace ya dos años que no nos vemos! ¡Cuantas situaciones extremas vividas desde entonces!. En esos días de mis sueños nacía tu primera hija, entre dolores de parto, temor por tu salud, miedo porque no pudieras ser asistida adecuadamente por la situación en las calles de Madrid. Recuerdo la cara de susto que traían el primo Eleuterio y Manolo, tu marido, cuando consiguieron llegar a casa con la comadrona que habría de asistirte en el parto. Mujer valiente que no dudó en arriesgarse para salvar vuestras vidas, a pesar de los controles militares que les paraban continuamente. Y aquél hombre armado, para comprobar que la versión que contaban era verídica. Luego la alegría al oir el llanto de la niña que nos hizo llorar a todos al poder soltar tensiones acumuladas. Aún así ¡como disfruté esos momentos!. Ahora lo revivo una y otra vez para recuperar fuerzas, cuando la dureza del día a día se me hace insostenible.

Aquí en Valencia vivimos una situación muy tensa. En el hospital atendemos a cualquier herido que nos llega, sea del bando que sea. D. Julián, el Director, nos dijo cuando formó su equipo, que su principal ideología era curar a los heridos y así lo entendimos todos. Esa era también mi vocación y por eso me vine, para prestar mis servicios como enfermera, aunque también es cierto que él me atraía: su fuerza, su decisión ante situaciones duras, su entereza, su mirada enérgica y suave al mismo tiempo, que no se dejaba intimidar por nadie, me hizo seguirle hasta aquí, en esta importante misión de salvar vidas, que esta indecente guerra fraticida trata de eliminar.

Ayer unos milicianos entraron a saco por todas las dependencias del hospital, con la excusa de buscar infiltrados nacionalistas entre los heridos, pero además nos despojaron de casi todo el material sanitario que encontraron. Por si fuera poco algunos abusaron de las mujeres que encontraron a su paso y una compañera mía fue violada. No, hermana, no te preocupes que a mi no me pasó nada. En ese momento estaba pasando consulta junto a Julián que les miró con firmeza y les mandó salir de la sala. Y salieron. Sin decir nada. Creo que los que le conocen le respetan por su entrega en su profesión,  pero también saben que en cualquier momento pueden ser ellos los heridos y puestos en sus manos.

Te confieso que estamos enamorados, pero ahora no es el momento de hacernos ilusiones. Espero el final de este mal sueño como mi lucha por la supervivencia.

Pienso también en vosotros, vuestra situación diaria. Una amiga, que vive cerca de casa y ha recibido carta de su familia, me ha contado el suceso que habéis vivido, al entrar un obús por la ventana de la escalera y darle de lleno en el vientre a una vecina, embarazada, que bajaba a refugiarse en el sótano al toque de las sirenas de peligro. Por otro lado me consuela lo que me decías en tu carta (que recibí hace dos meses), que pudisteis sacar de ese infierno a vuestra pequeña con madre y los chicos a su pueblo, donde estarán más seguros. Espero que a nuestro hermano Pablo, con el idealismo de sus 16 años, no le convenza algún insensato de que puede ser un héroe y se lo lleve al frente a luchar por una causa que ni conoce. Alberto me preocupa menos, aún es muy joven. Como ves, hermana, mi familia sois mi mayor preocupación y esperanza. No sé cuando te llegará esta carta. Ojala que pronto la podamos leer en casa, porque ya estemos de nuevo todos juntos, como en mi sueño de hoy.

Dale un fuerte abrazo de mi parte a Manolo y para ti todo el cariño de tu hermana.

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