elisina

Es el espacio donde entre todos cumpliremos el sueño de mi madre, publicar sus escritos y salvaguardar sus memorias.

PAULINA

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Paulina andaba cabizbaja, camino de su casa, pensando en cómo plantearía a su padre la noticia: había sido despedida de su trabajo y la causa no acababa de comprenderla.

–  No es Vd. apta para este trabajo – le había contestado el Jefe de Personal de la empresa donde trabajaba como Auxiliar Administrativo, cuando ella le preguntó: ¿por qué?

– Se necesita una persona más colaboradora. Alguien que esté dispuesta a actuar a la menor insinuación por parte de su Jefe. Vd. está siempre en las nubes y no se entera de nada.

– Paulina pensó que en aquellos momentos no estaba en las nubes y que se estaba enterando claramente que la iban a despedir. Lo único que no entendía era el por qué.

–  De todas formas – continuó en tono un tanto paternalista aquel señor tan importante

le daremos una carta de recomendación, para que pueda presentarla cuando encuentre un nuevo trabajo. No queremos que por nuestra parte tenga problemas.

–  Por favor, dígame concretamente en qué no colaboro – insistió Paulina.

–  ¿Ve como no está atenta a su entorno?. En fin, para qué alargar más esta conversación.

–  Pero… – insistió ella desconcertada.

–  Nada, nada, no se preocupe. Ya verá como encuentra otro empleo más acorde con sus conocimientos.

Paulina salió del despacho aturdida ¿Qué había hecho mal?. Solamente recordaba aquel día en que su jefe, tan amable siempre con ella (a veces tenía detalles como traerla una cajita de bombones después de un viaje de trabajo, o una rosa para que la colocara en su mesa al lado del ordenador y le alegrara la vista, un librito de poemas…), como digo, tan amable, se enfadó muchísimo porque no quiso ir con él a un congreso a Sevilla, un fin de semana. Se negó, porque seguro que a su padre no le hubiera parecido bien, y la verdad es que a ella tampoco le apetecía nada, ¡ya trabajaba bastante durante toda la semana!. Pero, en fin, no era para tanto. Podía llevarse a Carmen que era una secretaria muy eficiente y llevaba muchos años en la Empresa. Paulina, siempre estaba dispuesta a trabajar, incluso fuera de su horario normal, y no recordaba ninguna otro motivo.

De pronto comprendió que aquello había sido la causa de su despido: NO HABER ACEPTADO ESE VIAJE, después de los bombones, las rosas y demás detalles. O sea, que había una doble intención en su amabilidad.

–  Y yo que pensaba que me trataba como a una hija…

Paulina era esbelta, morena, bonita y muy lanzada. Y muy joven también, pero decidió que debía soportar sus gastos de la Universidad, trabajando en algo al mismo tiempo, y a través de una amiga, que presentó su curriculum en su Empresa, la admitieron. Lo malo es que no pudo compaginar trabajo y estudios por mucho tiempo y acabó abandonando éstos, hacia ya dos años.

Cuando llegó a casa todavía seguía dando vueltas al mismo tema. Se sentó en el sillón de la sala y ni siquiera encendió la televisión. Tampoco encendió la luz. Así la encontró su padre cuando llegó a casa una hora más tarde.

–  ¿Cómo estás a oscuras, Paulina? ¿estás enferma? ¿te ha pasado algo? – preguntó el padre preocupado, ya que su hija era una joven alegre y charlatana, que le hacía olvidar los momentos tristes y le sorprendió su actitud. Se sentó a su lado y esperó su respuesta.

–  Si, papá. Me ha pasado que he despertado a la vida. Me refiero a la vida adulta.

Y contó a su padre con todo detalle su despido y la causa, que ella suponía, lo había producido.

El padre se quedó pensativo, no dando crédito a que su hija hubiera tenido que pasar por una situación tan traumática,  conociendo su forma de ser sin dobleces.

–  Bien, tienes razón. Seguro que es por eso. Siento no haber sabido informarte de que estas cosas pueden pasar. Desde que murió tu madre, siendo tú una niña, y nos quedamos solos, he querido preservarte de algunos problemas, pero no te he enseñado a enfrentarte a ellos. De todas formas no es el fin del mundo. Tu has demostrado que tienes unos principios básicos, que toda persona debería tener: no venderse para conseguir un puesto mejor. Bueno, y ahora ¿qué piensas hacer?.

–  Creo que quiero volver a la Universidad.

–  Sabes que puedes contar conmigo para eso y que, además, me das una gran alegría.

  • Gracias, papá.
  • De todas formas, hija, esto no debe quedar así. Buscaré un abogado y pondremos una demanda a ese canalla.

Se abrazaron los dos agradeciendo el apoyo y la confianza que mutuamente se tenían.

Como en muchos otros casos, la falta de pruebas concluyentes hizo que la demanda presentada no siguiera su curso, y tuvieron que abandonar.

Paulina comenzó de nuevo su vida de estudiante en la Facultad de Derecho. Tanto interés puso que terminó varias asignaturas con matrícula de honor. Se especializó en Derecho Laboral y pronto consiguió un puesto en un prestigioso despacho de Abogados. Su especialidad: Derecho Penal en el Ámbito Laboral. Al cabo de pocos años había conseguido una buena reputación en este campo. Sabía comprender a los acosados y desentrañar las intenciones más ocultas de los acosadores.

Cierto día el director del Despacho le dijo:

–  Tengo un caso muy interesante para ti, Paulina.

­–  Bien.  Si tu lo dices, seguro que lo será. Cuéntame.

Y seguidamente le informó de los detalles del caso. Un directivo de una Empresa, había sido acusado por una empleada, de hacerla la vida laboral imposible, hasta que consiguió que el Director de la misma la despidiera por inútil. Motivo: no había colaborado en sus funciones, cuando se negó a acompañar a su jefe a un Congreso, como secretaria.

A Paulina aquello le sonó a conocido. Recordó vivamente su experiencia en su primer empleo, pero no hizo ningún comentario. Aceptó el reto que se le ofrecía y, mentalmente, se propuso dedicar todo su tiempo y energía a desenmascarar al acosador, ahora que podía.

Reunió los datos precisos para iniciar los trámites legales y pronto se vio  totalmente implicada en este proceso.

El día en que se celebraba el juicio, se arregló especialmente. Su aspecto era majestuoso dentro de la toga. Se sentía segura como mujer y como abogado. Comenzó el interrogatorio y cuando tuvo sentado en el estrado al imputado, le miró fijamente a los ojos, sin expresión alguna en su rostro, y le preguntó:

–  ¿Es esta la primera vez que se ve Vd. involucrado en un caso de acoso sexual?

La pregunta tan directa y el tono de aquella voz, hizo al acusado quedarse en suspenso. Un vago recuerdo le vino a la mente, seguido de la certeza de una situación vivida hacia tiempo. Un rostro olvidado, y que de pronto  le recordaba al de la Letrado que le había hecho la pregunta.

Todo su aplomo se vino abajo. Recordó unos años atrás a una joven, que comenzaba su vida laboral con tanta ilusión…, pero que, gracias a él, se convirtió en un suplicio. Intuyó que, aunque entonces el proceso fue anulado por falta de pruebas, ahora no podría librarse. Y deseó con todo su corazón que terminara pronto éste, cuya sentencia ya consideraba cierta: CULPABLE.

Y así fue. Paulina no perdió la calma en ningún momento. Había conseguido pruebas y declaraciones de sus antiguas compañeras, que aún seguían en la Empresa, y de las nuevas que también se hubieran visto relacionadas de alguna forma con este hombre. Acumuló datos, tan convincentes, que no podían ser rebatidos. Y el juicio terminó con el resultado previsto: culpable del delito de acoso sexual en el ámbito laboral.

Paulina dio un profundo suspiro, y la rabia contenida durante tanto tiempo se disipó.

Por primera vez disfrutó, totalmente, de sentirse liberada de aquel recuerdo, que había creído olvidado durante aquellos años.

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