elisina

Es el espacio donde entre todos cumpliremos el sueño de mi madre, publicar sus escritos y salvaguardar sus memorias.

LA REINA DE LAS NIEVES

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Como aquél día, ese cúmulo nevado de nubes blancas se me presenta como algo sólo visible para mí. Enero comenzaba y, yo sólo también, estaba aquí, tumbado en la arena. Pero no es lo mismo. Han pasado más de 15 años desde entonces y mis sueños no se realizan al compás de mi impaciencia. Cierro los ojos y me veo como el niño de 8 años que soñaba con lo que no tenía a su alcance.

Nieve, nieve ¿cómo sería su frío contacto?. Poder pisarla, deslizarse sobre ella, ¿por qué nunca nieva aquí?. Como esas nubes, así debe ser la nieve Será blanca, esponjosa, sobre una montaña muy alta. Tienen forma de palacio ¿lo será?. Una torre, otra más alta. Tendrá que vivir en él un Rey. Un Rey generoso con sus vasallos. Los veo sonrientes a través de los huecos de las ventanas. Se abre la gran puerta y entran los invitados que han llegado por el camino que une a otras nubes, otros palacios. ¡Hola gaviota!. Me dices que si quiero que me lleves hasta allí. ¡claro que quiero!. ¡Voy a estar en la montaña más alta del mundo!.

Soñaba mi sueño de entonces, pisar la nieve y cómo conducido por mi gaviota me introduje en el palacio. ¿Quién eres tú y que quieres?, me preguntó un servidor de palacio. Soy Luis –contesto con timidez- y quiero… Creo que ya no quiero nada más… Allí estaba esta sentada en su trono de hielo no un rey, sino una reina, la más bella del mundo; la Reina de las Nieves, que se acercó a mí, niño de 8 años y me saludó sonriente.

– ¡Hola, Luis!. Te esperábamos. ¿A mí, por qué?. Para que tu sueño, que creías inalcanzable, se haya  podido hacer realidad. Como ves sólo hace falta creer en ellos y tener tesón-. Sus palabras se gravaron en mi mente hasta ahora. Pero ya no es lo mismo.

– Luis, Luis, -me zarandeaba mi hermano- despierta, te has quedado dormido. Pero ¿qué te pasa?. Estás como en las nubes.

– No, no, sé que estoy en la playa, pero he estado en un palacio de nieve y, al fin, la he visto de cerca y la he tocado- le contaba entusiasmado a Juan.

– Déjate de fantasías y vamos a comer que nos están esperando.

Abro los ojos y veo caer sobre mí pequeños copos de nieve. Los vuelvo a cerrar porque quiero sentir de nuevo la magia del sueño. Pero, como entonces, el despertar es brusco. Alguien se acerca rápidamente por el mar hacia donde yo estoy. Es una tabla de surf, algo descontrolada. Me quedo observándola y me pongo de pie acercándome a la orilla del agua, donde vuelca. A mis pies queda una joven, una princesa, la más bella del mundo. Igualita, igualita a la Reina de las Nieves.

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