elisina

Es el espacio donde entre todos cumpliremos el sueño de mi madre, publicar sus escritos y salvaguardar sus memorias.

1 Octubre 2008

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Se casaron hace 10 años y lo quieren celebran con este viaje, programado con ilusión dos meses antes del desastre.

Natalia había advertido a Jaime que este negocio no podría salir bien. Que el momento no era propicio para arriesgarse. Pero él, ilusionado, más que nunca, no la escuchó, pero la pidió que confiara en él como otras veces.

  • Sabes que no estoy de acuerdo con el riesgo que vamos a correr. Podríamos quedarnos en la ruina, pero no sé como hacerte entrar en razón y, al fin y al cabo, la empresa es tuya – dijo malhumorada Natalia cansada de explicaciones.

Jaime la abrazó fuerte y cariñosamente.

–  No te preocupes, mi princesa, que tendremos un maravilloso viaje en nuestro      aniversario.

Natalia no quiso seguir y cambió de tema. Se sentía realmente preocupada, pero le quería y estaba dispuesta a acompañarlo en su aventura. También pensaba en su responsabilidad como abogada de la empresa y que, en otras ocasiones, sus consejos habían redundado en beneficios para todos.

Viajaron a la isla donde se conocieron, adonde ya habían ido otras veces y en la que

encontraban diversión y también muchos momentos de intimidad.

Natalia no se encontraba tan a gusto como otras veces. Algo se había alterado en su relación. Evitaban hablar directamente del asunto y siempre lo dejaban para después, para otro momento más propicio… Y mañana vuelven a casa.

Esta tarde Jaime está leyendo una  revista financiera sentado tranquilamente en un sillón de la sala, en el maravilloso hotel donde se hospedaban. Ella le dijo:

  • Subo al dormitorio a descansar para el viaje de mañana.

El la miró preocupado.

  • Natalia, siento mucho que estas vacaciones no hayan sido todo lo felices que proyectamos.
  • Yo no quería este viaje y lo sabes – respondió Natalia -. No en estas condiciones. Y no quiero hablar sobre ello.

Jaime intentó retenerla.

  • Quédate otro rato. Saldremos a dar nuestro paseo. Prometo escuchar con más atención tus advertencias y hacer todo de común acuerdo.
  • Lo siento Jaime. No me vas a convencer de tu arrepentimiento. Ya lo hablamos y

no me tuviste en cuenta. Te empeñaste en ese según tu “impresionante negocio”, y nos has arruinado. Y ¿ahora qué?.

Natalia suspiró hondo, pero al fijarse en la cara tan triste de su marido, se acercó a él, le abrazó y a poyándose en su hombro le dijo:

–  No te preocupes. Ya saldremos de ésta.

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