elisina

Es el espacio donde entre todos cumpliremos el sueño de mi madre, publicar sus escritos y salvaguardar sus memorias.

Hoy quiero decir… (09-05-03)

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Querido Dios: Te agradezco haberme dado vida junto con mis padres, que me engendraron amorosamente, responsablemente…

 

He tenido oportunidades múltiples de disfrute y también de sufrimiento.

 

Tengo que decirte, querido cuerpo, que no eres muy fuerte, sobre todo ahora. Claro que te ha tocado vivir épocas muy duras, desde la postguerra, con su escasez de alimentos (en nuestra casa no excesivamente); varios partos, con su desgaste correspondiente; trabajar para una familia numerosa y con recursos muy ajustados, etc.

 

Pero todo eso que hemos vivido también nos ha hecho más fuertes. No hemos derrochado energía en cosas innecesarias , aunque un poco más de diversión no nos hubiera venido mal. Hemos tenido poco tiempo de disfrute amoroso-sexual, poruqe no nos encontrábamos satisfechos con sólo lo sexual, ¡qué le vamos a hacer!. Hemos disfrutado mucho con los hijos, aunque una no llegó al final, pero que también tiene su sitio y tuvo su cuna en nosotros y cuenta en la familia.

 

Creo que no son malos resultado los que hemos tenido, al menos nos hemos multiplicado en personas diferentes. No hemos parido robots. Gracias por tu colaboración, querido cuerpo.

 

 

 

Hoy me he dado cuenta…     (10-05-03)

 

 

De que mi vida es frágil, tanto como un vilano que, depositado en manos de Jesús se mantiene entero, pero que los demás no saben tratar y, poco a poco, se va desintegrando, y como no quiero que esto pase, deseo dejar mi vida en manos de Jesús, que es el  único que puede hacer que mi vida sea coherente, entera, única, que es lo que yo quiero, y que la participación de los demás no sea destructiva para mi, por su egoísmo de cargarme con sus cargas, las que no les gusta llevar a cuesta, pero que son suyas, no mías.

 

Me he dado cuenta de que no quiero marginarme, sino participar de sus alegrías y de sus penas, pero sin agotarme inútilmente, como está pasando. Quiero vivir mi otra vida, la que me queda por vivir, alegre, y ser alegría para los demás, aunque no pueda evitarles lo cotidiano que hay en sus vidas, no en la mía, y sus sufrimientos, que son muchas veces buscados.

 

Ni siquiera las amapolas son todas iguales.

 

Tengo que intentar no saberlo todo y no saber cargar con todo. Jesús me visita en mi casa, como a Mateo, y entra la salvación en ella.

 

 

 

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