elisina

Es el espacio donde entre todos cumpliremos el sueño de mi madre, publicar sus escritos y salvaguardar sus memorias.

En  El Paraíso, a ….  de Enero de 1991…

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Querido mío:

 

Aún recuerdo con toda nitidez nuestro abrazo de despedida en la estación. Este fin de semana, que hemos pasados juntos para conocernos mejor, para querernos más, con la esperanza de que este encuentro marque un camino en nuestras vidas para siempre, ha sido maravilloso.

 

Aún siento las caricias de tus manos por mi cuerpo, como tomando todo mi ser, que yo te ofrecía con confianza. Los suaves besos por mi cuello,  que me transportaban a pensar en ese viaje maravilloso que será nuestra luna de miel. El sonido del latir de nuestros corazones al unísono, que nos augura una dicha sin fin.

 

Es temprano, las 7,30 de una fría mañana de Enero, y aún no ha empezado a clarear el nuevo día, pero no nos importa. Estábamos juntos y la intensidad de tu mirada iluminaba toda mi existencia.

 

Tú aún  tienes que quedarte aquí unos días. Yo parto para anunciar nuestra unión a la familia y comenzar los preparativos de nuestra próxima boda.

No veíamos el momento de separarnos: aún quedaba alguna recomendación que hacer, alguna caricia sin acabar… Nos despertó el pitido del tren anunciando su marcha.

 

  • Sube rápido, – me dijiste – que quiero despedirte por la ventanilla.

Yo así lo hice. Tenía un nudo en la garganta que me impedía llorar y un calor especial en el corazón que me hacía sentir la mujer más feliz del mundo.

 

Cuando el tren ha comenzado su marcha la señal de mi frente ha quedado marcada en el cristal. Luego, poco a poco, sólo veía tu imagen en el anden. Los demás viajeros del departamento, dormitan sin prestar atención a nada. He sacado de mi bolso el cuaderno que siempre llevo conmigo y, casi a oscuras, comienzo a escribirte esta carta.

 

Te la enviaré cuando llegue con todo mi amor. Tu Elena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Málaga, a .. de Julio de 199 y

 

 

Querido mío:

 

La carta que te prometí nunca te la envié. No hizo falta. Pronto estuviste conmigo y cada cosa que nos decíamos era la más nueva y la más antigua del mundo.

 

De eso hace algún tiempo y continúo ahora donde la dejé entonces, pues aún la conservo.

 

Sigo recordando los meses, los años, siguientes. Cada uno de nosotros vivía por y para el otro. Nos fuimos acostumbrando a estar juntos en todo. Era lo más natural. Así lo entendía yo. Pero en algún momento me di cuenta de la diferencia de nuestra evolución como personas y me entristecí. Te hice partícipe de mi temor, pero no comprendías mis sentimientos, y poco a poco mi soledad se fue haciendo patente.

 

Estos días que estoy pasando con mis hermanos, aquí en la playa, me están sirviendo para reflexionar sobre nuestra relación. No sé si me atreveré a enviarte esta carta, pero la escribo con la esperanza de que me comprendas mejor en la distancia.

 

Te sigo queriendo como antes, pero también necesito tu amistad. Elena.

 

 

 

Madrid, a .. de Enero de 1999

 

 

Querido mío:

 

Temía que al recibir mis cartas te enfadaras conmigo y me censuraras por desconfiada. Por eso decidí guardarlas. Vuelvo a escribirte de nuevo, pero esta vez si te las daré. Leelás despacio, por favor.

 

Dime, con sinceridad, que piensas al respecto, y yo te escucharé con todo mi interés y cariño. Tómate el tiempo que quieras, pero necesito conocer tu opinión, y      que podamos dialogar con calma. Quizás sea otra vez como aquellos días en que, además de querernos, nos comprendíamos.

 

Te quiero. Elena.

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