elisina

Es el espacio donde entre todos cumpliremos el sueño de mi madre, publicar sus escritos y salvaguardar sus memorias.

CARTAS A DIOS

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(26-10-02)

Querido Dios: te agradezco haberme engendrado junto con mis padres. Amorosamente y responsablemente.

He tenido oportunidades múltiples de disfrute y de sufrimiento.

Tengo que decirte, querido cuerpo, que no eres muy fuerte, sobre todo ahora. Claro que te ha tocado vivir épocas muy duras: postguerra (con su escasez de alimentos, aunque en nuestro caso no excesivamente), varios partos, con su desgaste correspondiente, atender a una familia numerosa y con recursos muy ajustados, etc.  Pero todo eso que hemos vivido también nos ha hecho más fuertes: no hemos ahorrado energías en cosas necesarias, aunque un poco más de diversión no nos hubiera venido mal. Hemos tenido poco tiempo de disfrute amoroso-sexual, porque no nos encontrábamos satisfechos con solo lo sexual, ¡qué le vamos a hacer!. Hemos disfrutado mucho con los hijos, aunque uno no pudo llegar al final, pero que también tiene su lugar, tuvo su gestación entre nosotros y cuenta en la familia. Creo que no son malos resultados, al menos nos hemos multiplicado en personas muy diferentes. No hemos parido robots.

 

(10-05-03)

Hoy me he dado cuenta…

De que mi vida es frágil, tanto como un vilano, que depositado en manos de Jesús se mantiene entero, pero que los demás no saben tratar y poco a poco se va deshaciendo,  y

como no quiero que esto me pase, deseo dejar mi vida en las manos de Jesús, que es el único que puede hacer que sea coherente, entera, única, que es lo que yo quiero y que la participación de los demás no sea destructiva para mi, por su egoísmo al cargarme con sus cargas, las que no les gusta llevar a cuestas, pero que son suyas, no mías. Me he dado cuenta de que no quiero marginarme, sino participar de sus alegrías y sus penas, pero sin agotarme inútilmente como está pasando. Quiero vivir mi otra vida, la que me queda por vivir, alegre y ser alegría para los demás, aunque no pueda evitarles los problemas cotidianos, porque son sus vidas, no la mía, y sus sufrimientos son muchas veces consentidos.

No somos todos iguales. Ni siquiera las amapolas son todas iguales.

Tengo que intentar no querer saberlo todo y no saber cargar con todo.

Jesús me visita en mi casa, como a Mateo, y entra la salvación en ella.

 

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