elisina

Es el espacio donde entre todos cumpliremos el sueño de mi madre, publicar sus escritos y salvaguardar sus memorias.

AMOR  EN EL AIRE

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Antonia, a sus 20 años, no esperaba tener tanta suerte. Primero pasar la prueba para un puesto en la Empresa y además que ésta las incluyera en el grupo de viaje de unas cortas vacaciones subvencionadas, que organizaba cada verano para sus empleados. Primer trabajo, primer viaje en avión , primeras vacaciones sin la familia, sólo con compañeros…

Corrían los primeros meses de la década de los 60. Antonia, había conocido a Julia, en la Academia de preparación para oposiciones. en la que las dos se habían matriculado, y en seguida intimó con ella. Se presentaron  juntas al examen y aunque no trabajaba en su mismo departamento, siempre se encontraban en el café de media mañana y a la salida, para ir de compras, a pasear, al cine… y además este viaje, nada menos que a Mallorca.

Al subir al avión, Antonia  decide elegir un lugar un poco separado del resto de los compañeros, con los que se llevaba muy bien, pero prefiere disfrutar de libertad para hacer sus comentarios con Julia.

-Mira, allí-la dice. Eran tres asientos libres y uno de ellos con ventanilla, que cede a su amiga, pues sabe cuánto la ilusiona poder contemplar el paisaje desde las alturas.

Colocan su equipaje de mano e investigan todo lo que tienen  a su alcance. Revistas, lista de bebidas que pueden pedir durante el viaje, información sobre las islas y hasta una bolsa especial por si se marean.

-Ja, ja, ja. No creo que eso nos pase a nosotras, a no ser que lo que nos pongan para tomar sea vomitivo.

Julia saluda a los compañeros que se han sentado en la fila de delante:

-Hola Luis, ¿qué tal vais ahí?. Esto es estupendo. Mejor que estar en la oficina.

-Si, si-la contesta Luis- espera  a que esto empiece a moverse.

-Mira Antonia tu gran admirador, ¡que valiente es!-la dice al oído-. Seguro que en Palma te tira los tejos.

-No lo digas ni en broma, vaya plasta de hombre, no me deja ni a sol ni a sombra. Tu de todas formas no te separes de mi,  por si acaso.

-Pero si se me presenta una oportunidad te dejo. Eso es lo acordado ¿no?.

-¡Vale, vale!. Mira, suben más pasajeros. Aquel joven de la corbata azul no está nada mal y parece que va buscando sitio. Disimula que está aquí…

-Por favor ¿está libre este asiento?.

-Si, claro.

-Muchas gracias.

-Antonia, ya vamos a despegar, no te lo pierdas-le dice Julia para llamar su atención, pues la empieza a molestar el interés de su amiga por el desconocido.

Las puertas de entrada se cierran y las azafatas comienzan  su recorrido revisando las de los equipajes y, a continuación, con la ejecución de sus estudiados movimientos,  para indicar a los pasajeros cómo deberán actuar en cada momento: abrocharse los cinturones, en caso de peligro utilizar las mascarillas de oxígeno, localizar las puertas de emergencia, etc. El avión inicia su rodaje por la pista y pronto se va elevando, ante la expectación de las dos jóvenes y el cosquilleo en el estómago propio del momento.

-Ya. Al fin estamos arriba. Esto es impresionante. Antonia, tenemos que hacer un viaje por Italia tu y yo solas. ¡Julia tan expresiva y fantasiosa como siempre!.

El compañero de asiento pregunta a Antonia si es la primera vez que viaja en avión. Se vuelve hacia él y se encuentra con sus ojos burlones. Ella le contesta:

-Si.  Se nota ¿verdad?. Me llamo Antonia y mi amiga Julia.

Pero Julia prefiere ignorarlo y seguir mirando por la ventanilla.

-Yo soy Sergio. Viajo a Palma a menudo por mi trabajo, pero en este viaje  sólo estaré un par de días.

Siguen conversando animadamente y él le va contando cosas de la ciudad y se ofrece a enseñársela. Ella le dice que van en un grupo y llevan una guía, que les va a acompañar en su recorrido por la isla. Sergio la invita a salir con él por la noche, para ir a bailar. A Antonia la gusta la idea. Vuelve la cara y ve que Julia sigue mirando al exterior,  pero está segura que ella está atenta a su conversación con Sergio. Con cierto pesar, contesta que no saben que les han preparado y no puede decidir. Al fin, Julia se une a la conversación, para que su amiga no acabe cediendo en algo, y ésta continúa agradablemente.

El avión da un bandazo y se sobresaltan. Sigue un balanceo desagradable y Antonia se siente mareada. Vuelve el equilibrio. Siguen conversando y se ríen del incidente. Pero no se ha acabado. Desde la cabina de mando les tranquilizan: Señores pasajeros, estamos sorteando ráfagas de viento que alteran la estabilidad del aparato, pero no hay por qué preocuparse, todo funciona correctamente. Se ven rodeados de grandes nubes que se desplazan cada vez más rápidas en dirección contraria al vuelo. Todo el grupo trata de tomarlo a broma, y se ríen de los más asustados, pero la preocupación aumenta y la necesidad de usar las bolsas de emergencia comienza. Sergio atiende tan solícito a Antonia que ésta teme que a Julia le parezca exagerado y empiece a caerle mal por acapararla. Continúan los movimientos bruscos y tienen la sensación de volar en círculo, subiendo y bajando entre las nubes. En una de las bajadas, por un claro, ven un acantilado y crece la preocupación  Se crea un silencio expectante entre los pasajeros, sujetos al asiento por los cinturones de seguridad. Antonia, pálida y tensa, entre Sergio y Julia, alcanza a ver de reojo a Luis y le parece preocupado por ella. Sergio intenta tranquilizarlas y les va contando que esto ya le ha pasado a él un par de veces, que no se asusten, porque el piloto ya  se conoce estos cambios bruscos del tiempo y sabe qué ha de hacer.

El avión sigue girando alrededor de la isla y poco a poco las rachas de viento van debilitándose y, al fin, les dan pista para aterrizar en el Aeropuerto de Palma, como estaba previsto. Los viajeros, en cuanto les autorizan para ello, se sueltan los cinturones, recogen su equipaje de mano y se disponen a salir del avión lo antes posible, para sentirse seguros pisando tierra firme.

Antonia se despide de Sergio con pena, le ha caído bien, y la hubiera gustado seguir con él, pero sólo se dan la mano y él le pregunta: ¿Nos veremos?. ¡Ojala!, dice ella. Y  se va detrás de Julia, que ya la llama con impaciencia  para  seguir al grupo.

En la sala del Aeropuerto, todos reunidos comentan  el incidente, entre grandes aspavientos de unos y fuertes risotadas de otros, que consiguen relajar el momento y prepararlo para la llegada de la guía, que ya se acerca a recogerlos para comenzar el recorrido establecido. Les comunican que, después de ir al hotel para dejar los equipajes y tomar posesión de sus habitaciones, cenarán en el Molino Rojo, un estupendo restaurante-sala de fiestas, situado en un alto con una preciosa vista a la bahía, y amenizada por la música del grupo más famoso del momento, Los Platers. A continuación baile en los jardines, donde se celebra la fiesta y paseos románticos por los mismos. Todos se animan ante este sensacional programa y  consiguen olvidar el mal rato pasado. Luis piensa en una noche estrellada y ojalá también con luna, lo que favorecería a sus planes para con Antonia. Se le acerca para interesarse por su estado y ella se lo agradece. Julia la guiña un ojo en  señal de complicidad, que Antonia rechaza con un gesto burlón.

La cena espléndida, y todos disfrutan de ella en un ambiente feliz y divertido, animada por la música. Al término de la misma comienza el baile, con la música suave y romántica de Only you, y las parejas van saliendo a la pista. Antonia aún no tiene ganas de bailar. Piensa en Sergio y se acomoda en la balaustrada para contemplar el mar. Le habría gustado estar con él y sentir el romance de esta noche especial, pero no ha sido posible. Respira profundamente y se vuelve al notar a su espalda una presencia. Se queda perpleja. Es Luis, que viene a buscarla para dar un paseo. Mira a su alrededor buscando a Julia, pero la ve bailando enlazada por un desconocido. Está guapa y se lo está pasando bien. Exhala un suspiro y vuelve a la realidad, y se ve caminando al lado de Luis que le va diciendo algo, al parecer muy importante para él. Quiere que comiencen una relación seria. Antonia no sabe como negarse sin herirle, al fin y al cabo es un buen chico. Lo pasa mal,  pero al fin le hace comprender que no es posible.

Al volver a la pista el ambiente está caldeado. La música romántica ha dado paso a otra más movida. Todos lo están pasando muy bien, incluso ¿Sergio?. Si, es él. Está bailando con una chica muy atractiva. Bueno, no tanto, se dice para consolarse. Quiere quedarse sola y le dice a Luis que tiene que ir al tocador y que luego ha quedado con Julia. El comprende y va a unirse a varios compañeros que divierten en grupo.

Antonia, con cierta tristeza de dirige al lavabo, que por suerte está vacío. Se mira al espejo y no se gusta del todo: la falta su sonrisa. Se retoca el maquillaje y los labios. Empieza a ensayar y se da cuenta que no resulta tan difícil conseguirlo. La noche es hermosa, y a ella le gusta divertirse, que tonta, ¿por qué va a  desperdiciarlo? Y sale muy decidida a encontrarse con sus amigos.

Julia ya ha cambiado de pareja. Ahora baila con Jorge, uno de los compañeros, y Carlos la invita a ella. Siguen bailando y divirtiéndose y olvidándose de cualquier cosa anterior.

Al cabo de un rato, se sienta para tomarse un respiro, pero en seguida se le acerca Sergio y le dice: ¿quieres bailar conmigo?.Está más guapo que en el avión. Lleva un traje elegante y juvenil que le hace destacar entre todos. Antonia no se lo piensa. Se pone en pie, y sin contestarle se deja abrazar al compás de la música.

Ya no se separan, hasta el momento en que su grupo decide volver al autocar que les llevará de nuevo al hotel. Ellos se despiden despacio, mirándose a los ojos y agradeciéndose mutuamente la feliz velada. Pero también quieren volverse a ver a la vuelta, en Madrid, dentro de cinco días. Intercambian sus direcciones y números de teléfono.

Seguramente a Antonia le van a parecer ahora unas largas vacaciones, hasta ese momento, porque también ha habido un primer encuentro con el amor.

 

                                                                                Elisa Martínez Valverde.

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